Las cruzadas fueron la respuesta a las provocaciones islámicas por los ataques criminales a los pacíficos peregrinos cristianos (tortura, esclavitud, pillaje y hostigamiento) y a los santos lugares. Fueron iniciativas de carácter defensivo. Como dice Rodney Stark (1934-2022) en su libro Bearing False Witness. Debunking Centuries of Anti-Catholic History: “Las cruzadas fueron provocadas. No representaron el primer asalto del colonialismo europeo. No fueron organizadas para conseguir tierras, botín o convertidos. Los cruzados no fueron bárbaros que se ensañaron contra los cultos musulmanes. Las cruzadas no son una mancha en la historia de la Iglesia Católica. No son algo de lo que Occidente tenga que disculparse” (traducción castellana de Isidro Arias Pérez, 2018.)
La Inquisición española fue una
fuerza coherente en favor de la justicia, la moderación, el buen hacer de los
jueces y la ilustración. Entre 1540 y 1700 hubo abiertas 44674 causas. Se
ejecutó solo a 826 personas (1.8%). Podemos afirmar que en el período que va
desde 1480 hasta 1700 se dictaron 10 sentencias de muerte por año (2200 en
total). En Inglaterra, mientras tanto, entre 1530 y 1630 el promedio de
ahorcados fue de 750 por año.
La inquisición hizo escaso uso de
la hoguera, raramente torturó a un acusado (el 2%) y mantuvo las prisiones
inusualmente limpias.
La inquisición utilizó su poder e
influencia para suprimir la caza de brujas promovida por el populacho. Se mostró
muy dura con quienes llevaron a cabo cazas de brujas no autorizadas, haciendo
que varios fueran ejecutados por ello.
Nunca incluyó las obras de
Galileo en la lista de libros prohibidos. La mayoría de los libros quemados
eran de contenido pornográfico.
Galileo no pasó ni un solo día en
prisión.
Fueron los filósofos medievales
(siglo XIII), no los griegos, romanos, musulmanes o chinos, quienes basaron sus
estudios médicos en la disección humana por su compromiso con lo empírico. En
el islam estaba prohibida y Aristóteles solo utilizó animales. La introducción
de la disección humana en el occidente latino, sin la oposición eclesial, fue
un acontecimiento decisivo.
La universidad fue la institución
más mimada por el papado. Y la favorita: los papas obligaron a los reyes a
respetar su inviolabilidad.
Roberto
Grosseteste (1168-1253) introdujo la idea de experimento científico;
Alberto Magno (1200-1280) fue el mejor botánico de campo de todo el
medioevo; Roger Bacon (1214-1294) predijo el microscopio, el telescopio
y las máquinas voladoras; Guillermo de Ockham (1295-1349) se anticipó a
la primera ley de Newton y apuntaló el principio de que entre dos teorías efectivas
hay que escoger siempre las más sencilla; Nicolás de Oresme (1325-1382) estableció
firmemente que la tierra giraba sobre su eje; Nicolás de Cusa
(1401-1464) comprendió que a un observador en cualquier parte del universo
siempre le va a parecer que todo gira mientras que él está inmóvil. Por esto Newton
(1642-1727) dijo que si él había logrado ver más lejos era por haberse colocado
en los hombros de estos gigantes.
De los 52 científicos responsables
del progreso en el conocimiento de la realidad material durante el siglo XVII el
60% eran devotos religiosos o miembros del clero u obispos o cardenales
(la mitad católicos y la mitad protestante), el 38% eran convencionalmente
devotos y solo un 2% fue escéptico o incrédulo en materia religiosa.
La teología cristiana es
fundamental para explicar el origen y el auge de la búsqueda de un conocimiento
cierto, contrastable, palpable y refutable. No solo inspiró la búsqueda de
leyes naturales, sino que fueron encontradas. Y eso se debe a la fe judeocristiana
en un Creador y diseñador Inteligente que se sirve de las matemáticas. Y eso
los griegos, los chinos, los orientales o los islámicos lo ignoran.
Basta ya de sandeces.
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