jueves, 26 de marzo de 2026

La lenta aceptacion de la decepción

 

Fui al hospital a ver a una persona muy apreciada y cercana porque sabía que estaba muy mal.  Al llegar ya salían sus familiares. Acababa de fallecer. Al acercarme al grupo, un familiar muy cercano al recién fallecido me espetó con cierta animosidad inesperada: tú que haces aquí. No supe que contestar.

En otra ocasión me pasó algo muy parecido. Alguien me dijo que el padre de un amigo estaba muy grave. Inmediatamente fui a verlo. Pero al llegar, el recibimiento fue de este tenor: vienes en muy mal momento. No me acuerdo qué hice.

Un Decano, amigo mío, me presentó al Rector de una universidad muy importante. Yo había sido durante todo el bachillerato amigo y compañero de su hermano, muerto en Africa en trágicas circunstancias. Me identifiqué. Habíamos ido al mismo centro educativo y aunque no nos habíamos tratado porque él era el benjamín de la familia compartíamos circunstancias biográficas muy poco comunes. Ignoró todo lo que le dije. No quiso hablar de nada. Su actitud, repentinamente, se tornó fría y distante, muy lejos de la aparente afabilidad mostrada en un principio.

Me encuentro en El Retiro una pluma que siempre me había gustado poseer que tiene un precio prohibitivo para mis posibles. A los pocos días, unos carteles en los árboles y farolas cercanos al hallazgo me avisaban de que el perdedor tenía teléfono y demandaba que quién la hubiere encontrado se pusiese en contacto con él. Así lo hice. Me quiso dar una propina.

Cuál fue mi sorpresa cuando la embajada danesa se puso en contacto conmigo porque cada año dan un reconocimiento a quien haya divulgado convenientemente el pensamiento de SK. No cabía en mi de gozo. Efectivamente, llevaba un tiempo publicando artículos sobre mi admirado filósofo. Pero cuando llegué al acto de entrega resultó que todo había sido una equivocación. La elegida era otra persona. Muy conocida, por cierto. Ya me extrañaba a mí que fuera yo el premiado. No me pidieron disculpas.

Una ilustre catedrática que dirigía un programa de educación de adultos en la ONU me dijo que quería utilizar un libro mío -en el catálogo de una editorial de mucho prestigio- para dicho programa. Pero el dueño de la editorial donde estaba publicado, persona de mucho prestigio, había rehusado darle el plácet para ello. A mí, sin embargo, no informó de nada de eso. Tiempo después me avisó que fuera a retirar de su almacén los libros no vendidos porque los iban a destruir. Nunca he sabido por qué me odiaba tanto.

Cuando pierdes el rastro de un amigo de la primera juventud siempre fantaseas con que te lo puedes encontrar en cualquier momento por cualquier ciudad. A mi añorado amigo no le había vuelto a ver desde que se casó. Treinta y tantos años. Pues bien, un día lo reconocí por la calle. Qué ilusión me hizo. Me bajé en cuanto pude del autobús. Y corrí hasta alcanzarle. Pero él no se acordaba de mí ni sabía de qué le estaba hablando. Pensó que era un timador.

Entre los 12 y los 17 años tuve un preceptor que era de los mayores expertos mundiales en Averroes. Un día vi anunciado en mi propia universidad la presentación de la traducción del Comentario al tratado sobre el alma de Aristóteles de Averroes. Habían pasado muchos años, de verdad, muchos. Me acerqué a la mesa al terminar el acto. Le quería hablar de mi itinerario universitario (inimaginable para mí a los diecisiete) y agradecerle todo lo que me había enseñado: la Salamanca de Unamuno, el pensamiento de Ortega y de Husserl, sus relaciones con el mundo musulmán (en los 70 era muy amigo del coronel Gadafi, por ejemplo.) Parecía otra persona. No me reconoció. No sabía de lo que le estaba hablando. Me alejé muy triste.

Y de pronto, un día te escribe alguien para agradecerte que tú -sin saber- le salvaste la vida.

 

jueves, 19 de marzo de 2026

Salir de la mentira presente de la mano de Kierkegaard

Los males de nuestro tiempo son la ignorancia, la miseria y la corrupción, y lo más temible, que nos instalemos en la mentira con la misma naturalidad que nuestros pulmones se acostumbran al aire. Emilio Lledó

La sociedad actual vive inmersa en la mentira absoluta. Jacques Derrida

En estos tiempos de impostura universal, decir la verdad constituye un acto revolucionario. Georges Orwell 

La gente teme el pensamiento original más que a nada en el mundo, más que a la ruina, más que a la propia muerte. Bertrand Russell 

Lo querían matar los iguales / porque era distinto. Juan Ramón Jiménez 

El artista que triunfa en una época es alguien que simpatiza con las clases dominantes de esa época, cuyos intereses defiende y cuyos ideales interpreta, identificándose con ellos. Upton Sinclair

La conducta de unos pocos individuos puede cambiar la conducta de la masa. Ilya Progogine

Aunque soy muy pesimista sobre la humanidad en su conjunto, siento un profundo optimismo motivado por determinados individuos y minorías marginadas. Aldous Huxley

La lucidez y el coraje suelen provocar entre nosotros una reacción visceral de antipatía y rechazo. Manuel Azaña 

A los ramplones, el mejor servicio que se les puede hacer es ir contra ellos y partirlos por el eje. Miguel de Unamuno 

Todo verdadero hombre debe aprender a quedarse solo en medio de todos, a pensar por todos y, si fuera preciso, contra todos. Romain Roland 

Sólo los hombres libres pueden hacer auténtica historia. La historia es la impronta que el hombre libre da al destino. Ernst Jünger


¿Es verdad que vivimos rodeados de mentira y de mentirosos? 

¿Es verdad que triunfa la dictadura de la costumbre y que lo verdaderamente original y distinto, lo que proviene, en definitiva, de la energía creadora es perseguido? 

¿Es verdad que si quieres ser libre, entonces, estás condenado a la soledad? 

Los autores de todas estas frases parecen creerlo así. En palabras de Kierkegaard estarían en un estadio avanzado y superior ya que ven con ojos muy críticos y certeros el estado general de la mayoría, que se encontraría en un estadio inferior. 

¿Cuáles son esos dos estadios según el filósofo danés? Seguimos la explicación que da Vicente Simón Marchán en su introducción a Temor y temblor.

Los animales y las plantas no existen, duran. El hombre existe porque se acepta a sí mismo como existente. Y si se niega a elegirse a sí mismo estará eligiendo como quien elige no querer elegirse. Este tipo de hombre vive en el estadio estético, estadio que se caracteriza porque quien vive en él contempla el mundo sin comprometerse con nada, viviendo la pura momentaneidad para evitar el ingreso en el devenir temporal. Don Juan (el de Mozart) es el modelo más acabado de hombre estético. (La película de Losey es magistral.) 

¿Ese sería el estado de la ciudadanía actual?

Así parecen creerlo los autores de las frases precedentes.

A veces hay que romper con algo para salir de la ilusión estética y entrar en otro estadio, el ético, superior al estético. El estadio ético es el del hombre que se compromete dentro de la temporalidad, como esposo, amigo, pariente, como trabajador. 

¿Es suficiente con este estadio? ¿La lucidez de los autores de esas frases certeras basta para superar el estado de calamidad existencial en el que nos hallamos?

Kierkegaard no lo creía así.

El estadio ético es superior, pero continúa dentro de la temporalidad y sólo tiene validez como introducción al estadio siguiente. 

Del mismo modo que la vaciedad del estadio estético hace que se aborde el ético, empujado por la desesperación que produce esa vaciedad, también el hombre ético acaba desesperándose después de que durante un cierto tiempo se ha dedicado a cumplir una y otra vez con el deber que le impone lo general. 

¿Cuál sería el siguiente estadio? ¿Hay alguien dispuesto a dar el salto a ese estadio?

Cuando el hombre se decide a pasar al estadio religioso no encuentra en él la paz y la tranquilidad que ofrece la religión institucionalizada. En el estadio religioso, y desaparecidas las ilusiones estéticas y éticas (dos formas de temporalidad, la segunda más seria que la primera, pero temporalidad al fin), queda el hombre cara a cara con la angustia del existir, la existencia es algo misterioso e irracional y el hombre se halla en una relación con la Trascendencia incómoda y peligrosa. El Ser no se dirige al hombre de viva voz, manifestándole sus deseos y expresándose según estructuras lógicas. La relación con Él se vive en el terreno del absurdo y el cristianismo, última manifestación del Absoluto es absurdo. (Kierkegaard opone el concepto de cristianismo al concepto de Cristiandad, es decir el cristianismo oficial.) El diálogo con el Logos es un monólogo, me puedo equivocar y creer que me dice lo que no me dice: ahí radica la angustia, la incomodidad y el riesgo que trae consigo el estadio religioso. 

De modo que tendríamos tres estadios. Según lo explica Jorge del Palacio en su introducción a In vino veritas cada estadio constituye un horizonte de sentido por sí mismo. En el primer estadio se persigue el goce sensual y se vive atrapado en la inmediatez del momento. No hay compromisos y se hace de todo aquello que nos rodea un medio para la obtención de placer. En el estadio siguiente se habrían interiorizado normas de alcance universal y se viviría conforme a ellas. La persona en este estadio otorga valor al compromiso, a la responsabilidad y, al contrario, que el esteta, se relaciona con los demás haciendo de cada persona un fin en sí mismo. El matrimonio, en tanto en cuanto constituye una relación desinteresada de reconocimiento mutuo y proyección de futuro, es la relación ética por antonomasia. Finalmente, el último estadio significa relacionarse con el Absoluto a través de la experiencia de la fe: la existencia más auténtica a la que puede aspirar una persona, pues solo ante lo Absoluto adquiere plenitud la vida humana. Sería el caso de Sócrates, por ejemplo.

La jerarquía de los tres estadios constituye una suerte de senda hacia la plenitud, hacia la realización del hombre conforme a valores cada vez más elevados. Pero el paso de un estadio a otro es muy difícil y costoso. La vida de la inmensa mayoría se consume en los estadios inferiores. Para pasar de un estadio a otro hay que romper de forma radical con la actitud de vida presente para asumir algo nuevo y desconocido. Es un salto al vacío. El abismo que separa aquello que uno es de aquello que podría llegar a ser es la angustia. La angustia, paradójicamente, empuja al hombre a dar el salto hacia el estadio cualitativamente superior. El salto más comprometido es el que lleva del estadio ético al religioso, pues, pasar del estadio estético al ético es instalarse en la norma general y en las prácticas socialmente establecidas. El último estadio, en cambio, supone abrirse a lo desconocido. Ese estadio supone ir más allá de la razón y de la ética. Dar el salto al último estadio significa estar dispuesto a aceptar situaciones paradójicas, contradictorias, y, posiblemente, sin salida. Situaciones que no encontrarán ni la comprensión ni la justificación en el seno de la sociedad. Kierkegaard pensaba que quien se adentra por esa senda no encuentra a nadie que pueda echarle una mano, nadie que pueda comprenderle.

¿Hay alguna esperanza?

Tendríamos la siguiente situación. La mayoría vive en la superficialidad, en la duración, no en la auténtica existencia. Hay una minoría que se da cuenta de eso y no acepta esa situación. Se rebela. Profiere quejas. Denuncia. Pero eso no asegura que haya dado el paso definitivo a la existencia auténtica. 

La impresión que se tiene es que la inmensa mayoría vive en una suerte de mezcolanza entre el estadio estético y el estadio ético. O bien porque no ha dado el paso definitivo hacia arriba o bien, y eso sería lo peor, porque ha sufrido una especie de regresión hacia atrás. Un número importante de personas, no obstante, se encontrarían en el puro estadio estético y un pequeño número de personas, con una significación cada vez menor desde el punto de vista sociopolítico y cultural en el puro estadio ético. 

La existencia auténtica, el estadio religioso, conlleva un grave riesgo. No se sabe dónde está uno. Las personas que frecuentan el estadio ético huyen de lo superficial, pero temen lo desconocido. El estadio religioso es un viaje a lo desconocido. Además, al distinguir entre cristianismo y cristiandad no vale la trampa de que la cristiandad es decepcionante, porque de lo que se trata no es de dar el paso a la cristiandad sino al cristianismo, entendido como existencia auténtica y no como un sistema ético o moral. Y eso supone aceptar la angustia: la incertidumbre de la existencia. 

Habría que llegar a donde no se sabe por dónde no se sabe. La docta ignorancia. ¿Quién la recorrerá?

Requisitos para acceder al estadio religioso.

1. Lo primero que hay que hacer es distinguir claramente ente cristianismo y cristiandad. Si se mezclan ambos términos se hace imposible el acceso al estadio religioso.

2. La cristiandad representa lo oficial, lo institucional que puede no tener nada que ver con el cristianismo.

3. El cristianismo es lo que salva, lo que cura, lo que conduce a una vida interior, auténtica, a la verdadera existencia.

4. Al estadio religioso se accede a través del cristianismo, no de la cristiandad.

5. Sumergirse en el cristianismo requiere “implicarse en la contemporaneidad”, “hacer presente el pasado”. No se trata de admirar, no se trata de adorar, se trata de imitar. Eso supone sacrificio. Un prototipo de admirador-adorador: Nicodemo. Un prototipo de imitador: Pablo.

6. ¿Imitar a quién? A Jesús de Nazaret.

7. El cristianismo está en continuidad con Sócrates. El cristianismo no está en continuidad con otras religiones. De hecho, es, en cierto sentido, la cancelación de toda religión. De Sócrates hemos aprendido el cuidado del alma, el cuidado de uno mismo. La existencia. La interioridad. La autenticidad. El rechazo de la superficial exterioridad. También que la verdad supone sufrimiento. A sufrir por la verdad.

8. El cristianismo es el apogeo del sufrimiento por la verdad. Es la liquidación de la inteligencia mundana y de la mediocridad. Es la exaltación de lo singular. La afirmación del espíritu. De la diferencia. De lo que nos hace únicos y diferentes de los otros.

9. El cristianismo no es previsible. En el instante puede emerger lo inesperado. Es la eclosión de lo eterno. En el instante eterno puede aparecer el hombre indicado. Y con él lo que no está en las circunstancias, lo nuevo, la irrupción de la eternidad en la temporalidad. Es imposible de calcular. Requiere audacia.

10. “La excepción explica lo general y se explica así misma”. Porque si no “se pueden explicar las excepciones, entonces tampoco se puede explicar lo general”.

11. El cristianismo va más allá de toda estética y de toda ética, aunque no las desprecia y puede iluminarlas. Puede exigir violar códigos éticos fuertemente establecidos. Ejemplo: Abraham.

12. No está atado a nada. Sólo al amor. “Ama y haz lo que quieras.”

13. Es preciso distinguir entre lo temporal y lo eterno; entre lo finito y lo infinito; entre lo general y lo singular. 

14. El cristianismo tiene una grave dificultad: requiere fe. La verdad es revelada. El cristiano es el creyente por antonomasia. Pero no cree en este mundo. El individuo religioso se apoya en sí mismo y desprecia todos los garabatos infantiles de la realidad exterior y visible.

15. El cristianismo tiene una gran ventaja: es puro amor. No es nada más que amor.

16. El cristianismo produce angustia. Ilumina las zonas tenebrosas que no quieren aparecer como lo que son: pecado o fruto del pecado. Pero ofrece salvación y gracia.

17. El cristianismo es prueba. Esta categoría no es estética ni ética o dogmática, sino totalmente trascendente. El caso de Job. Se libró de “todos los subterfugios de la ética”.

18. Hay una repetición tediosa, pero hay una repetición auténtica: la eternidad. El cristianismo vincula con lo eterno.


viernes, 13 de marzo de 2026

EE. UU., Israel e Irán

 La coalición USA-Israel ha aniquilado la infraestructura militar-industrial de Irán. Fundamentalmente la aérea y la marítima.

Israel es la vencedora del conflicto porque su enemigo existencial ha sido destruido… militarmente.

Ya no sufrirá ataques ni desde el Líbano (Hezbolá) ni desde Gaza (Hamas) ni desde el Yemen ni desde Siria.

Podrá firmar la paz con todos sus vecinos árabes.

Qué obtiene USA: nada.

Podría especularse, no obstante, que, al establecerse una paz duradera en esa región, EE. UU. podría disminuir significativamente el peso excesivo que Israel ejerce sobre su política exterior.

Sin embargo, el movimiento MAGA, para mí, de forma inesperada, ha visto con buenos ojos la operación.

Peligra la victoria en las elecciones de medio mandato para el presidente.

Ni Gan Bretaña (ni su lacayo, España) ha apoyado la operación. La ha intentado boicotear en la opinión pública occidental a través del control total que ejerce sobre la prensa de derechas europea (y española: ABC, El Mundo, El Español…) 

Alemania, en cambio, sí la ha apoyado. Sus vínculos con Israel siguen siendo muy fuertes.

La operación ha sido realista, racional y eficaz. Y es lo que cabía esperar de una persona tan capacitada en este aspecto como Donald T. La eliminación de la cúpula de poder en Irán era lo adecuado cuando se está en una situación excepcional (o de excepción) como es este caso. A veces es necesario que toda una oligarquía muera por un pueblo, pero nunca ha de morir todo un pueblo por una oligarquía tiránica. (De pasada diré, que esta habría sido la opción mejor para acabar con Hitler y Pol Pot, por ejemplo.)

Mutatis mutandis, es lo que hizo con Maduro. Y lo que hará con Canel. O lo que ha hecho con el tiranuelo del cartel narcoterrorista mexicano.

Es el principio general de que toda regla tiene su excepción o de que, en alguna ocasión, la excepción confirma la regla. Me refiero al derecho llamado internacional.

El régimen ahora está como pollo sin cabeza. 

Una vez terminadas las operaciones militares y una vez que cesen los ataques, lo que queda del régimen deberá decidir, en primer lugar, qué hace con el estrecho de Ormuz. Y después se sumirá en una lucha interna que lo terminará por debilitar. Lo que surja ya no será una amenaza geopolítica ni para sus vecinos ni para Israel y se abrirá alguna posibilidad de coexistencia pacífica de este con Irán.

La victoria para Israel, pues, es total… gracias al amigo americano.


jueves, 12 de marzo de 2026

La salvación por los irreconocibles según SK

Abolir el principio de contradicción es lo peor que le puede pasar a una época. Porque quien hace eso se pone en contradicción consigo mismo.  O sea, está muerto en vida.

O calla o habla, pero no seas chismoso ni chismorrees.

O ocúltate o revélate, pero nunca te exhibas.

O ama o sé verdaderamente disoluto, pero no coquetees con el amor.

O sé objetivo o subjetivo, pero no abstracto.

Ahora hay una cantidad extraordinaria de profecías, apocalipsis, indicios y atisbos del futuro. Todo el mundo profetiza y augura. Este es el esquema de las profecías actuales: lo que predigo o sucederá o no sucederá. 

La unión de personas que no tienen interioridad es algo tan feo y perverso como un matrimonio entre niños. Ahora todo el mundo puede tener una opinión, pero para tenerla tiene que unirse y alcanzar un cierto número. Y esa es la perdición.

Y ahora viene el secreto mejor guardado desde hace muchos años:

Los eminentes, al huir de la perversa nivelación, se han hecho irreconocibles o incognoscibles. Actúan en secreto. No tienen ni reconocimiento ni autoridad. No son profetas ni jueces. Están ocultos hasta para ellos mismos. 

Pero son los salvadores de esta humanidad numérica, nivelada y abstracta en el peor sentido del término. Cada uno ha de valerse por sí mismo. Ya no hay referentes visibles. Eso se acabó. Ya es demasiado tarde para todo. Y la salvación es urgente. 

Los incognoscibles solo obedecen órdenes de la divinidad. 

Trabajan de un modo constante y, además, tienen que ocultarlo. 

No quieren dominar, mandar, guiar sino solo servir indirectamente. 

Sin certeza alguna de lo que hacen. 

Han saltado sobre el abismo de la perdición. 

Puede que no sean más que unos pocos. O, quizás, uno solo. Otra vez. Uno solo.    


La época presente según el genio de SK

 Cada época tiene su característica propia. ¿Cuál es la de la nuestra?

¿Violenta, desenfrenada, salvaje, desconsiderada?

¿Ha desaparecido el individuo, la individualidad, la excelencia, la interioridad?

¿Hay una preeminencia de la masa, del público, de la opinión pública?

¿Chismorreo, habladurías, hablar por hablar, cotilleo, superficialidad?

Como dejó dicho SK -ya en 1846- hay un proceso de nivelación masivo que ahoga a cada persona individual y la apelmaza en un todo amorfo y castrador.

¿Ya demasiado acostumbrados al mal?

Pero como solo se puede encontrar reposo en lo más alto, en lo sobrenatural, cuando no se ha eliminado el misterio y no se niega o combate o silencia lo esencial, se puede decir que la inmensa mayoría no vive, ¿tan solo vegeta?

Decía SK -ya por el año 1846- que se había suprimido el principio de contradicción. ¿Qué diría ahora?

No sucede nada, pero se anuncia cualquier cosa. Para que haya algo de lo que cotorrear. 

Ni acciones grandes o buenas pero muchas anticipaciones: como nadar donde no cubre. Frases hechas, lugares comunes, sin vida superior. Ahora no se envidia ni el talento, ni la genialidad ni la excelencia. Solo el dinero, la fama y la posición.

Después de haber derribado todo, de haberlo revocado todo, se deja que todo se conserve, pero vacío de significado y de sentido. Se deja que todo subsista en una agonía sin fin. 

Como no poder pasar sin el otro y no poder estar juntos.

En lugar de relaciones hay mutua vigilancia. No vaya a ser que alguien se escape de la masa estéril y sea una persona única.

Todo se asemeja a un reloj que no hubiera perdido la capacidad de dar las horas, pero nunca las diera bien.

Queremos que el orden establecido subsista sabiendo que ya no subsiste.

No es el tirano, ni los servicios secretos ni las oligarquías eclesiástica o de cualquier otro tipo. Somos todos y cada uno de nosotros, libremente, los que hemos optado por este estado de cosas.

Terminaremos por venerar los excrementos de cualquier lama laico o eclesiástico.

Ya no se estimula, levanta o exalta. Ahora se asfixia, se impide: se nivela. El supremo igualitarismo de la nivelación global.

Nivelar: ocupación silenciosa, sorda, constante, sin llamar la atención. Un silencio de muerte.

Ahora lo que cada uno teme más que la muerte es su propia individualidad… religiosa.

La salvación solo puede venir de la religiosidad esencial del individuo singular.

El llamado público es el fantasma que produce la nivelación… con ayuda de la prensa.

El público: esa entidad abstracta y maligna. Mas numeroso que todo el pueblo junto. Un todo que engloba a todos y los aniquila. Algo monstruoso, abstracto y vacío. El más peligroso y el más insignificante. El verdadero nivelador.

Antes, el hombre excelente era lo que los demás no podían ser. Ahora, lo que nadie quiere ser.

Se piensa, en general, que lo que ocurre es para que tengamos algo de lo que hablar. Así, de esta forma, cada vez más individuos aspiran a no ser nada para formar parte del público.

La excelencia es sometida a la ruindad. Es el triunfo de los inseguros, los frívolos y los sensuales.

Es el triunfo de la nivelación más ínfima.

¿Cómo se sale de aquí?

domingo, 1 de marzo de 2026

Los domingos (2025) y Soren Kierkegaard

Si Soren Kierkegaard tuviera que pronunciarse sobre Los Domingos (2025) qué diría. Me pregunto.

Pues bien, analizaría esta película según cuatro círculos concéntricos fundamentales:

Estético

Ético

Religioso

Cristiano

Resumen: desde el punto de vista estético es perfecta. Desde el ético es un fraude. Desde el religioso es pueril y desde el cristiano es nula.

Estamos en la era del triunfo total de lo estético: inmediatez, exterioridad, desesperación. Desesperación por no querer ser lo que somos y querer ser lo que no somos, lo que nos lleva a querer ser otra cosa y si esto no puede ser a la autodestrucción.

Es una época desesperada. 

La película es un intento (fallido) por difundir el mensaje de que es posible reencontrarnos con lo que el Poder que nos ha creado y constituido quiere que seamos. Y superar así la desesperación que es una enfermedad mortal.

Veamos.

Estético. Desde este punto de vista es un producto audiovisual muy logrado. Se puede decir que perfecto. No sigue el estilo trascendental, pero está muy cercano a él.

Ético. Es un filme tramposo.  No sé si está hecho con una finalidad ideológica. Propaganda fides. Pero lo parece. Se trata de mostrar como verosímil y creíble que una chica menor de edad ha sentido una llamada inequívoca a ingresar en una comunidad monástica neomedieval para toda la vida. Se nos ofrecen las siguientes añagazas de guion diseñado para cumplir la presunta finalidad anotada: 

No tiene madre. Ese papel está reservado a su tía carnal que se siente enormemente ofendida por la decisión de la adolescente. Ella vive la decisión de la sobrina no con pena, tristeza o dolor como lo haría una madre sino como una ofensa personal. No se escandaliza. No considera que la decisión sea una locura. No. La vive como una ofensa a su yo explícitamente en curso de desesperación total. Eso hace creíble al personaje. Hay también un tío argentino que aprende vascuence. Una monja que fuma en sus ratos libres. Todo muy diseñado para dar verosimilitud a la situación. Cosas menores pero que nos obligan a pensar que hay una maquinación detrás de todo el producto.

Religioso. La religiosidad que se muestra es una religiosidad infantil. Emotiva. Escasamente existencial. Exterior. Nunca sabemos qué vida interior tiene la protagonista -si es que tiene alguna- porque lo mismo dice que quiere irse al convento que se pone a follar con su amigo del coro. Y si no termina embarazada es porque el guion de una forma fraudulente lo evita. Una especie de deus ex maquina para la masa acrítica o desprevenida.

Cristiano. Vamos a ver señores, si alguien dice que es cristiano, o que quiere serlo, y no se aprecia ninguna diferencia existencial con alguien que dice que no es cristiano ni quiere, de qué estamos hablando. Por eso desde el punto de vista cristiano, que es en el que quiere dar a entender que se inspira la directora, el fraude es colosal, jesuítico, por muy antiwoke que quiera parecer ser.

El cristianismo es la paradoja absoluta. No admite componendas ni maquinaciones ni propaganda. Es perfecto porque es imposible.

Estoy de acuerdo con SK.


domingo, 15 de febrero de 2026

Profecía del Pontífice final

Lars Ejnar Mikkelsen, formidable escritor danés, escribió este breve relato poco antes de morir.

Me parece asombroso y creíble.

El caso es que había tenido ciertas inspiraciones o iluminaciones. Pero las había tomado como ideas fantasiosas, ficticias. Megalomaníacas incluso. Todas versaban sobre su extraño papel como sujeto histórico en el momento presente.

El papa, en cambio, sí había tenido verdaderos sueños inspirados. ¡Y aparecía él en ellos! Con su nombre y dirección.

Fue llamado a Roma.

Debería compartir -le dijeron- con su santidad sus “ficciones”. Obedeció.

El sistema de trabajo elegido sería: el papa preguntaría y él respondería.

Las “ficciones”, pues, no habían sido ficciones. El romano pontífice se lo aseguró.

Todas versaban, ya ha quedado dicho, sobre la hora presente desde el punto de vista de la salvación de la humanidad.

Además, fue nombrado cardenal sin atributos. Sin atuendos tampoco. En un consistorio secreto e individual. Solo para él.

Después de la semana de retiro pasada con el papa siguió haciendo la misma vida que antes. Oftalmólogo. Casado, hijos, nietos… Un amor secreto y puro.

Nadie -salvo ellos dos- sabía lo que había ocurrido entre esos muros, pero el papa, poco después, hizo y dijo y dejó de hacer ciertas cosas que a él no le pasaron inadvertidas.

Sí, a la mayoría. Porque nadie se asombró de nada.

Lo del cardenalato era lo más estrambótico por su peculiaridad. No le permitiría participar en ningún cónclave, pero le capacitaba -eso sí- para ser elegido papa.

Y eso es lo que terminó ocurriendo.

Cómo pudo ocurrir tal cosa nunca lo supo. Me refiero a los detalles y a las conspiraciones necesarias. No había vuelto a tener noticias del papa.

Aunque sí notó, como he dicho, ciertos cambios sutiles en la gobernanza global de la iglesia católica, pero ni dramáticos ni contundentes.

Me ahorro, por tanto, los detalles de la elección.

Eligió el nombre de Pedro María.

Y durante menos de una hora declamó orbi et orbe todo el programa de su escatológico pontificado.

Lo único excepcional era que todo el mundo le entendía en su propia lengua materna. Y eso daba toda la verosimilitud a su postura, posición y mandato.

Primero explicó la elección del nombre. Pero no su novedosa forma de vestir. Una túnica como la de Pedro. Al parecer se conservaba -de un modo secreto- por cierta comunidad escatológica desconocida.

Dijo ser el último papa de un ciclo que concluirá con la presencia salvífica -y visible por todos- del Redentor.

La sede de la Cristiandad se trasladaría, entre tanto, a Jerusalem.

Quedará proclamado el último dogma por proclamar. El quinto.

Santa sede y Vaticano y colegio cardenalicio quedan suprimidos y eliminados del cuerpo místico.

El último concilio queda sin efectos espirituales.

Se establece como única Misa la Misa verdadera.

Se convoca a todas las órdenes religiosas a unificarse.

La vida parroquial se erige como verdadera célula viviente de la iglesia universal.

Hizo un llamamiento a todas las confesiones cristianas a integrarse en la única iglesia universal.

Anunció que la profecía de Pablo hecha en Romanos se cumpliría en la hora presente. El resto del que habla Pablo queda integrado -ya para siempre- en el cuerpo místico de Cristo.

La humanidad entera debe prepararse para un acontecimiento que sobrevendrá cuando todo el programa -aquí resumido- sea cumplido.

La única prueba que os doy es que me estáis entendiendo todos y cada uno en vuestra propia lengua. Dijo, y bendijo de un modo nuevo pero antiguo a toda la humanidad.

Después se trasladó a Jerusalem.

Y empezaron a ocurrir unas cosas inimaginables. Para empezar, en todas aquellas comunidades, sociedades, naciones o países que creyeron inmediatamente en la alocución de Pedro María, se vaciaron de enfermos todos sus hospitales, residencias y centros de salud. El milagro fue universal y fulminante.

Pero no todo iba a ser fácil y fluido.

Comenzó una batalla feroz. A vida o muerte. Aunque ambos contendientes sabían de quién sería la victoria final.