lunes, 27 de julio de 2026

Tractatus de Anima (II)

El alma pertenece a lo místico.

Lo místico es lo que se muestra pero no se nombra.

El alma es simple. No puede ser compuesta.

Sin alma no hay conciencia pero no es la conciencia.

(La conciencia es un infinito actual pero su cardinalidad nos es desconocida. Es un asunto indecidible. El alma, por su parte, es indecible.)

Gracias al alma, en todos los ámbitos hay sorpresas. Es una fuente continua de sorpresas.

El alma es pura, no sufre la caída aunque la padece por su solidaridad con el cuerpo-cerebro-mente.

La caída fue obra del, y afecta al, cuerpo-cerebro-mente.

El alma ama su cuerpo y quiere reunirse con él en un nuevo cuerpo transfigurado o redimido de la caída original.

Simplex sigilum veri.  (La sencillez es el sello de la verdad.) Un alma compuesta ya no sería un alma (5.5421)

No puede haber pensamiento sin alma.

El alma no está limitada.

Los presentimientos son inspiraciones del alma.

Natura non facit saltus.  El alma al ser espítu puro si puede.

El alma no se rige ni por el principio de razón suficiente, ni por el de continuidad de la naturalez ni por el del mínimo esfurzo.

Es inmortal.

No sabemos cómo ni qué es sino que es.

Es inexpresable pero se muestra. Nunca se nombra.

Mi impulso hacia ella es el impulso de ella hacia mí.

No debemos guardar silencio sobre el alma porque (o aunque) sea -no ya difícil sino- imposible hablar de ella.



Tractatus de Anima (I)

El alma no se nombra. Está oculta. Es invisible hasta para la mente.

Hay alma-mente-cerebro-cuerpo.

La interacción alma-mente es la conciencia.

El alma se encarna y se hace un solo ser con el cuerpo-cerebro-mente.

La conciencia es un don del alma encarnada.

Mediante ese don, la mente (psique) puede conocerla.

Está en lo más profundo.

Es un espíritu puro. 

El alma es simple -una- y no tiene conciencia propiamente dicha. La conciencia es un don del alma a la psique para que la pueda conocer, vislumbrar, presentir o intuir.

Es lo más propio, lo más importante y lo más secreto de cada uno de nosotros.

(Analogía: alma-cuerpo cerebro mente-conciencia:: Zeus-Logos-Nous.)

Para que la persona muera tiene que abandonar su morada el alma. Un abandono instantáneo del alma de su morada corporal produce la muerte súbita.

Puede subsistir -al margen del cuerpo- en el seno de la Divinidad.

Cuando Dios le da a Adán una compañera -porque no es bueno que esté solo- esa mujer es (simbólicamente) el alma.

La caída se produce porque el alma hace consciente de sí mismo a Adán y éste opta por la autonomía moral. El alma hace libre a la persona.

El alma no peca. Quien peca es el cuerpo-cerebro-mente (psiquismo) cuando no es sumiso a los dictados de su alma pura.

El alma añora su cuerpo encarnado.

martes, 14 de julio de 2026

Confiad, yo he vencido al mundo

Aquello que se decide en el momento clave es siempre lo que permanece oculto. (Cordula oder der Ernstfall, 1966.)

Todos ven lo que parece; pocos ven lo que es. (El príncipe, xviii, 1513.)


Hay tres categorías de sujetos políticos: los ciudadanos, los súbditos y los siervos. Hoy día ningún Estado se compone de ciudadanos (libres). Solo en uno hay, al menos, súbditos (USA) y en todos los demás solo hay siervos. O sea, meros contribuyentes, consumidores y censados. Es lo que podríamos denominar la esclavitud cognitiva. 

Eso se debe –entre otras cosas- a la inmensa cantidad de secretos de estado acumulados desde 1933. 

El debate político -y la libertad para poder decidir lúcidamente- se hace imposible porque todo lo importante está bajo ¨secreto del sumario¨. 

Sobre las cosas decisivas los siervos no tienen nada que decir.

Todo es secreto. 

La oligarquía gobernante (transnacional) que nos tiraniza se blinda y todas sus decisiones se hacen a escondidas de los siervos. 

El hermetismo es total. 

Aquí el capataz o asalariado de esa oligarquía son los poderes fácticos que controlan el Sistema postfranquista. (Casa Real, Santa Sede, FFAA y Capital financiero.)

La última visita del Santo Padre a España ha sido una escenificación (abusiva) de su dominio y control sobre la masa servil.

El derecho a pensar lo que la recta razón le dicte a uno y a decir, enseñar o difundir lo que se piensa (Spinoza) están, pues, gravemente amenazados. 

Además de los secretos –inconfesables- de todos los Estados sobre los que –precisamente- se toman todas las decisiones importantes están las mentiras difundidas desde 1945 de forma escandalosa: atentados de falsa bandera, conspiraciones civiles, militares y religiosas, asesinatos impunes de líderes políticos, manipulación de epidemias, teorías científicas deliberadamente falsas... 

Todas las sandeces de los extraterrestres, de los presuntos viajes de la NASA, la epidemia genital propagada urbi et orbi... 

¡Es como si el nacionalsocialismo hubiera ganado la guerra cognitiva, aunque perdiera la territorial!

El rumbo marcado -por ese ente oculto transnacional- para la entera humanidad nos es desconocido de forma absoluta. Solo sabemos que no es nada bueno. 

No sabemos, pues, quiénes dirigen la barca. Ni qué quieren aparte de esclavizarnos o aniquilarnos. Suponemos, imaginamos, tememos... Nada sabemos a ciencia cierta.

Todo es mentira.  

Es el momento álgido del dominio del padre de la mentira y señor de este mundo. Pero: ἀλλὰ θαρσεῖτε, ἐγὼ νενίκηκα τὸν κόσμον. (Juan 16, 33.) 

jueves, 9 de julio de 2026

¿Qué es ser judío ?

Pues no está en lo manifiesto el ser judío, sino que el judío está en lo oculto (Romanos 2, 28-29.) 

Un judío secular no es judío, lo mismo que un católico -secular o cultural- no es cristiano. 

El judío es un comunista, pero del espíritu (Hölderlin.) 

Acepta la pluralidad de yoes. De ahí los seudónimos en judíos escritores (Singer.) 

Todo lo ve sub specie aeternitatis

Busca lo que se oculta a la mirada. 

Vive en un permanente asombro ante la Creación. 

Sabe que la individualidad es más real que la masa. Vive, pues, en un exilio permanente. 

Para el judío una sola persona es equivalente en todo a la entera humanidad. Por eso venera lo que solo se produce una sola vez. Y subraya siempre el elemento único. La excepción es superior a la regla general. 

Posee un impulso irrefrenable hacia las llamadas cuestiones eternas. 

Pertenece y no pertenece a la sociedad en la que vive. 

No intenta predecir lo que pasará porque sabe que eso es imposible. 

A diferencia del no judío se avergüenza más ante Dios que ante sus congéneres. Siente culpa, pero no vergüenza. 

Sabe que cada día que pasa sin infortunios es un milagro celestial. 

Conoce todas las lenguas incluidas las de las aves. 

Indaga en el conocimiento de las inasequibles leyes del alma. 

Le embarga una curiosidad inmensa por todo lo extraño, misterioso o milagroso. 

Se ha dado el caso de alguno que ha sido capaz de leer un libro sin siquiera abrirlo. (El abuelo de Singer, por ejemplo.) 

Espera la vuelta del Mesías y la resurrección de los muertos. 

Puede o no estar circuncidado y puede o no estar bautizado (Pascal). Lo seguro es que es un hijo de Hombre. 

sábado, 27 de junio de 2026

León XIV en España

No hay que explicar la ocurrencia de hechos comunes, lo que hay que explicar es por qué acaecen hechos inesperados o imprevistos.

Cómo es que un Congreso laico y no católico, a veces anticatólico, pero nunca cristiano aplaude -más allá de los usos de la cortesía diplomática- un discurso papal explícitamente hispanocatólico. Aquí -en los aplausos- hay que incluir a la Eta, a los masones y a todo los antiespañoles. 

Esto hay que explicarlo. Y nadie sabe, quiere o puede hacerlo.

Yo tampoco.

No habría que explicar, en cambio, ni la ausencia en el hemiciclo de los separatistas gallegos ni la de los podemitas: los únicos que al no asistir no pudieron ni aplaudir ni no aplaudir. Va en su ideología de cartón piedra despreciar todo consenso que no sea el suyo propio.

Pues bien, eso mismo es lo que habría cabido esperar de los asistentes socialistas, comunistas, separatistas, etarras y de la mitad o más de los populares.

Qué está ocurriendo aquí.

¿Quién, y cómo, ha conseguido este extraño consenso? A todas luces falso, impostado y fraudulento.

Además, todos los días de la visita papal han estado marcados por este mismo inexplicable consenso respetuoso hacia lo hispanocatólico.

Hay que tener en cuenta que en la política española todo es teatro. Todo está teatralizado o guionizado. Por eso, no se deja a la improvisación ni el más mínimo aplauso, ni la más nimia pose, gesto o palabra. En realidad, todo se decide entre bastidores.

Todo falso, todo mentira. Todo montaje. En el mejor de los casos representación.

¿Quién ha escrito el guion de la visita papal y por qué? ¿O para qué? ¿A cambio de qué?

No sabemos quién manda en España. Desde luego no los que se dicen -y no son- representantes del pueblo. Ni los llamados otrora poderes fácticos.

¿El beneficiado de esta puesta en escena ha sido el propio régimen o el sistema de partidos corruptos? ¿Lo ha sido la casa de Borbón? ¿Lo ha sido el propio Vaticano?

 

Secretos de confesión

 

Las coincidencias son hechos asombrosos. Antes de exponeros algunas que he conocido os diré que el ama de llaves de Eugenio Pacelli (luego Pio XII) durante toda su vida -que era alemana- y el propio Eugenio compartían una experiencia vital primordial: el padre de una y la madre del otro murieron el mismo día.

Ahora os cuento, salvando el secreto de confesión, algunas otras increíbles. No aparecen ni nombres, ni ciudades, ni fechas ni nada que permita identificar a las personas implicadas.

El Padre XYZ me autoriza a publicarlas.

1. Mi madre murió al darme a luz. Mi padre era taxista. No sabía qué hacer conmigo. Resultó que a los dos días recogió a un matrimonio que salían desolados de la maternidad. (Omito la ciudad.) Enseguida se narraron sus respectivas tragedias. Los pasajeros habían perdido a la niña en el parto y, además, la mujer ya no podría tener más embarazos. Mi padre, por su parte, les contó su propia angustiosa pena: la muerte de mi madre durante el parto. La mujer, sin pensarlo, se ofreció a amantarme y, al cabo, fui adoptada -definitivamente- por ese matrimonio. Cuando me enteré -de forma casual- de mis orígenes no quise conocer a nadie de mi familia biológica.

¿Padre, debo superar mi resentimiento e ir a visitar a mi padre?

2. Estaba casada y mientras mi marido (militar) se encontraba en el extranjero en una misión de paz me quedé embarazada de mi amante. Como no quisimos cometer el crimen abominable del aborto dimos al niño en adopción en secreto. Desgraciadamente, mi marido -que no llegó a saber nada de mi aventura- murió en acto de servicio y, sin dudarlo, me casé con mi amante. Tiempo después tuvimos otro niño. Pero nunca le contamos que tiene un hermano biológico de padre y madre. Por azares de la vida se acaban de conocer y su parecido fenotípico es asombroso, pero no se imaginan por qué.  

No sé qué hacer, Padre. Cuando conocí, por medio de mi hijo, a mi desconocido hijo casi me desmayo.

3. Soy fruto de una relación extramatrimonial. Eso le costó a mi madre el desprecio de toda su familia. Mi padre tiene una familia numerosa pero no se ha desentendido de mí. Le ha estado pasando a mi madre todo el tiempo el dinero para mi sustento y educación. No conozco a mis hermanos de padre. He conocido a un chico y nos vamos a casar, pero no le he contado nada de todo esto. Le he dicho que mi padre -un día- desapareció y nunca más supimos de él. Mi madre y yo nos inventamos una extraña historia para que mi padre fuera el padrino de mi boda sin desvelar su verdadera identidad.

No sé como salir de esta maraña de medias verdades. ¿Cómo lo hago?

4. En un viaje de trabajo tuve una aventura. La aventura consistía en que después del trabajo nos íbamos a bailar. (La mujer tenía nueve años menos que yo y me dijo que su compañera de habitación era judía. Pero que ella no lo era.) Al despedirnos nos dimos las respectivas direcciones postales, pero nunca más volvimos vernos ni a saber nada el uno del otro. Cuarenta años después acabo de enterarme de que tengo una hija biológica que vive en Israel. O sea que la que era judía no era su compañera sino ella misma.

¿Debo presentar a mis otros hijos a su hermana judía? Me da mucha vergüenza.