Si Soren Kierkegaard tuviera que pronunciarse sobre Los Domingos (2025) qué diría. Me pregunto.
Pues bien, analizaría esta película según cuatro círculos concéntricos fundamentales:
• Estético
• Ético
• Religioso
• Cristiano
Resumen: desde el punto de vista estético es perfecta. Desde el ético es un fraude. Desde el religioso es pueril y desde el cristiano es nula.
Estamos en la era del triunfo total de lo estético: inmediatez, exterioridad, desesperación. Desesperación por no querer ser lo que somos y querer ser lo que no somos, lo que nos lleva a querer ser otra cosa y si esto no puede ser a la autodestrucción.
Es una época desesperada.
La película es un intento (fallido) por difundir el mensaje de que es posible reencontrarnos con lo que el Poder que nos ha creado y constituido quiere que seamos. Y superar así la desesperación que es una enfermedad mortal.
Veamos.
Estético. Desde este punto de vista es un producto audiovisual muy logrado. Se puede decir que perfecto. No sigue el estilo trascendental, pero está muy cercano a él.
Ético. Es un filme tramposo. No sé si está hecho con una finalidad ideológica. Propaganda fides. Pero lo parece. Se trata de mostrar como verosímil y creíble que una chica menor de edad ha sentido una llamada inequívoca a ingresar en una comunidad monástica neomedieval para toda la vida. Se nos ofrecen las siguientes añagazas de guion diseñado para cumplir la presunta finalidad anotada:
No tiene madre. Ese papel está reservado a su tía carnal que se siente enormemente ofendida por la decisión de la adolescente. Ella vive la decisión de la sobrina no con pena, tristeza o dolor como lo haría una madre sino como una ofensa personal. No se escandaliza. No considera que la decisión sea una locura. No. La vive como una ofensa a su yo explícitamente en curso de desesperación total. Eso hace creíble al personaje. Hay también un tío argentino que aprende vascuence. Una monja que fuma en sus ratos libres. Todo muy diseñado para dar verosimilitud a la situación. Cosas menores pero que nos obligan a pensar que hay una maquinación detrás de todo el producto.
Religioso. La religiosidad que se muestra es una religiosidad infantil. Emotiva. Escasamente existencial. Exterior. Nunca sabemos qué vida interior tiene la protagonista -si es que tiene alguna- porque lo mismo dice que quiere irse al convento que se pone a follar con su amigo del coro. Y si no termina embarazada es porque el guion de una forma fraudulente lo evita. Una especie de deus ex maquina para la masa acrítica o desprevenida.
Cristiano. Vamos a ver señores, si alguien dice que es cristiano, o que quiere serlo, y no se aprecia ninguna diferencia existencial con alguien que dice que no es cristiano ni quiere, de qué estamos hablando. Por eso desde el punto de vista cristiano, que es en el que quiere dar a entender que se inspira la directora, el fraude es colosal, jesuítico, por muy antiwoke que quiera parecer ser.
El cristianismo es la paradoja absoluta. No admite componendas ni maquinaciones ni propaganda. Es perfecto porque es imposible.
Estoy de acuerdo con SK.