lunes, 27 de abril de 2026

El alma no es solo metáfora o símbolo

En la Encarnación es el propio Dios quien ocupa el lugar del alma. El alma de Jesús, que unificaba toda su Persona, es, por tanto, el mismo Dios. Por eso se dice que tiene dos naturalezas y una sola Persona: cuerpo-cerebro-mente humanos y alma divina increada y eterna.

Alma, interioridad, conciencia, guía interior, daimon. Todos términos sinónimos, aunque no idénticos.

Los ángeles: almas no encarnadas.

El alma de Cristo es el mismo Dios.

El alma no muere, pero puede metamorfosearse, transmutarse en otra. Pablo al identificarse con JC funde su alma primitiva con la de JC resucitado y deja de ser la suya propia.

Un saber sobre el alma es verbal, intuitivo e infinitamente cualitativo.

Alma: Realidad metafísica y metáfora y símbolo.

Saber que somos alma (que se tiene alma) lo cambia todo. Ignorarlo hace imposible todo. Solo quien lo sabe puede Obrar.

Muchos cuerpos-cerebros-mentes no querrían tener alma.

El alma humana es personal, pero está conectada con el Anima mundi. Mientras el cuerpo está inerte se vuelve a fundir en ese océano.

Soy alma mejor que tengo alma.

En las especies animales solo tiene alma la especie, no los individuos.

El alma como nada donde se sumerge la mente.

Sócrates al hacerse consciente del alma se hizo consciente de que no sabía nada. El alma es una nada. Que lo es todo.

El alma es acto puro.

Muchos pensadores y místicos creen que entran en contacto con Dios cuando lo que hacen es explicitar de un modo rotundo la propia alma.

El alma ni tiene sexo ni género.

Una mente sumergida en la nada del alma se puede hacer muy poderosa. ¿Podrían entenderse, así, los fenómenos psi?

Quizás sea el alma el secreto mejor guardado. ¿Lo más oculto desde el comienzo del mundo?

En la noche, el sueño, los sueños y la imaginación creadora reina el alma.

Hacerse consciente del alma es solo una condición necesaria para hacerse discípulo de Cristo.

Aunque la realidad del alma supera no solo lo que imaginamos sino lo que podemos llegar a imaginar es una nada en comparación con su Creador. Y con el misterio trinitario.

(Los traductores al español de los evangelios traducen psyche como vida o alma. Me refiero con alma no al término griego psyche, sino a algo distinto. El alma no es el psiquismo superior sino lo que permite que haya algo como el psiquismo superior.)

Historia de un alma (Teresa). Confesiones de un alma bella (Goethe). Hacia un saber sobre el alma (María Zambrano). Son hitos claves pues en todos estos testimonios el alma aparece con toda nitidez.

El alma inspira y serena.

El alma no es la psyche de Aristóteles. Son Sócrates y Platón sus desveladores, explicitadores o descubridores.

Todas las almas son puras, pero no todas -ni siempre- son capaces de dominar al cuerpo-mente-cerebro -y su conducta- que les ha sido encomendado.

La comunicación con Dios se hace a través del alma que es eterna. Es la que media entre Creador y creatura. Ella es la que sabe que esta ligada a su Creador.

No creo que las culturas, las civilizaciones, las sociedades, los pueblos o las naciones tengan un alma. Aunque si pueden tener una mente propia. No lo sé.

El alma como ojo espiritual. Como luz. Como iluminación.

Una sola alma -reina y señora de un ser humano- puede mover el mundo. Verdadero punto de apoyo. (Dame un punto de apoyo y moveré el mundo.)

El pensamiento de un solo hombre inspirado por su alma liberada puede valer más que todo el mundo.

Lo más inimaginable de todo es lo que permite que haya imaginaciones.

Su existencia es un obstáculo para la razón analítica. Va y vuelve sin ser notada. La ciencia prefiere no tomarla en cuenta. El psiquismo, en cambio, se presta y está disponible. Responde cuando se lo estimula. El alma no. Se conduce cual pájaro solitario. Sabe algo que siendo afín a las palabras no dice. Ser y vida se orientan hacia donde el alma, si se dejan, los lleva. Al vuelo del alma ningún análisis científico puede dar alcance. (MZ.)

viernes, 24 de abril de 2026

Cuerpo-cerebro-mente-alma

 

Creo que tengo un alma. Inmortal. Creada.

Pero me ha costado mucho tiempo comprenderlo.

Siempre he creído en la continuidad cuerpo-cerebro-mente. Y que con eso era suficiente para explicar quién es el ser humano. (Y lo que Sócrates denominaba alma.)

Ahora ya sé que -además- tengo un alma. Espiritual, extramental, encarnada en el cuerpo-mente. Que con el cuerpo y la mente forma una trinidad. Un solo ser.

No puedo demostrarlo ni empíricamente ni logicoformalmente. Sí, abductivamente.

(¿Lo mismo que existe el inconsciente mental, el alma sería el inconsciente espiritual?)

El hecho es que creo que tú también tienes un alma.

Y eres una sola persona (cuerpo-mente-alma).

Creo que siempre he estado buscándola sin saber que la buscaba porque yo creía que el alma era una metáfora, no una realidad. Respondía -inconscientemente- a la llamada de mi alma.

(¿Lo mismo que hay cuerpos gemelos hay almas gemelas que se buscan sin saber lo que buscan -o que se buscan- y cuando se encuentran tampoco saben que han encontrado lo que buscaban?)

Pero estoy totalmente seguro de que la mayoría no cree que tenga un alma y -para mi frustración- creo que nunca lo creerán. Solo lo aceptarían si se lo demostraran de un modo empírico y directo. Pruebas indirectas tampoco las aceptarían.

Solo tengo pruebas indirectas.

El cuerpo nace y muere, se conserva y se reproduce.

La mente es la sede de la razón, del intelecto, de la voluntad y de la memoria. No es idéntica al cerebro porque no se reduce a él. Es una propiedad emergente del cerebro.

El alma es inmortal, invisible, indetectable, incorpórea. Se encarna en el cuerpo-cerebro-mente. Es la gran unificadora de todo el sistema. Produce el sí mismo, el yo verdadero. Guía la marcha de una persona única. Dota de conciencia al sistema completo. Impide el regreso al infinito de los procesos cerebromentales. Subsiste a la muerte corporal. Se reintegrará en un nuevo cuerpo. Nadie sabe ni cómo ni cuándo se encarna en el cuerpo-mente. Es personal -y posiblemente impersonal porque participa del alma-conciencia universal. Es autoconsciente. No es demostrable. Sus funciones no pueden simularse en un dispositivo artificial.

La mayoría de la gente no sabe que es -o tiene- alma.

Es espiritual.

Su contenido es el de la persona a la que conformó encarnándose en el cuerpo mente.

Es como un espejo para la mente y sus procesos porque en ella se pueden ver o contemplar.

Es un misterio: el alma es al cuerpo-mente como Dios es al cosmos.

Es el fundamento donde se sustenta la persona.

Sin alma no hay persona. La estructura humana es, pues, trinitaria.

La mente tiene un inconsciente mental, subliminal. El alma no se sabe si también tiene un inconsciente espiritual.

La gente normalmente cree que el alma estaría dentro de la mente y la mente dentro del cuerpo-cerebro. Pero es al revés: el cuerpo está en la mente y la mente en el alma.

El primero que comprendió -por revelación divina- la realidad del alma inmortal y la necesidad de dedicar la vida a su cuidado y atención fue Sócrates.

Ese descubrimiento trascendental fue ratificado en la Encarnación del Hijo de Dios.

domingo, 19 de abril de 2026

Tomás de Aquino y su experiencia inefable

Hacia el final de su vida, después de una experiencia sublime durante la Misa, Tomás de Aquino (1224-1274) dejó de escribir /dictar por completo, a pesar de que estaba en plena elaboración de su obra más importante. Cuando su secretario, Reginaldo de Piperno (1230-1290) le insistió en que continuara, Tomás respondió que todo lo que había escrito/dictado hasta entonces le parecía como paja en comparación con lo que acababa de inteligir. Lo que había inteligido superaba cualquier formulación que hubiera podido hacer hasta ese momento.

O sea, un hombre -del que se conservan nueve millones de palabras escritas/dictadas- dice que todo ese arsenal acumulado durante años no vale nada en comparación con lo comprendido (y callado) en ese instante.

Qué sería Aquello, qué sería Eso que vislumbró.

Nadie, salvo quien haya tenido una experiencia semejante, puede saberlo.

Y eso es incomunicable.

Eso que vislumbró es la conciencia inmortal (impersonal) que habita en cada hombre. Distinta del cerebro-cuerpo ligado -y entrelazado inextricablemente- a la mente. Esa conciencia potencia la mente hasta niveles no conocidos por ningún otro ser vivo ni dispositivo artificial por complejo que puediera llegar a ser.
Cerebro-mente-conciencia.
Solo la conciencia es inmortal.

martes, 14 de abril de 2026

APOTEGMAS DE LA RESURRECCIÓN

 Hay dos tipos de resurrección: R1: Lázaro vuelve a la vida. R2: Jesús vuelve, no retorna, a una vida nueva.

R1. Es con el mismo cuerpo. Todo el mundo puede ver a la persona resucitada. Es reconocible por cualquiera que lo haya conocido vivo.

R2. Un cuerpo glorioso. Solo se muestra en apariciones. Es el mismo, pero no lo mismo. Se mantiene la forma corporal, la voz, va vestido, se muestra el rostro, las manos y los pies. Puede tomar alimento.

Si Jesús hubiera tenido una R1 nada habría cambiado. Todo más o menos seguiría igual, y vuelta a empezar.

Las R1 son hechos históricos.

El sepulcro vacío es un hecho histórico porque habría sido perceptible para cualquier testigo de buena fe.

Con respecto a la R2 son históricos los testimonios de quiénes han visto al resucitado. No lo puede percibir cualquiera. El hecho en sí mismo ocurre en la historia.

Si la R2 no ha sucedido vana es nuestra fe. En caso contrario, vano y banal es -casi- todo lo demás.

Jesús puede hacer cuantas R1 quiera. El Padre es quien realiza la -y las- R2.

Jesús (R2) cuando se aparece se deja tocar y palpar. Prepara pescado a la brasa. Parte el pan. Habla con la misma voz. Va vestido. Camina. Se sienta a la mesa. Su aspecto es muy distinto porque les cuesta reconocerlo (anagnórisis). Su presencia es más imponente todavía que en la transfiguración.

Es pura Presencia.

No hace prodigios. Pero sus preocupaciones siguen siendo las mismas: servir, atender, acoger, sostener. No habla de sí mismo ni de su experiencia única e inconcebible. Los testigos no preguntan: se dejan querer.

Sigue siendo todo muy corpóreo. Es una apología de lo Corporal. No es nada místico. No es un espíritu.

Nadie, después de las apariciones consignadas en los evangelios, le ha vuelto a ver.

Vivimos en su Ausencia. El sepulcro vacío.

Pablo fue el último que le oyó, no lo vio.

R2 es solo comparable a la creación del mundo.  En griego: ἅπαξ” (hápax) hace referencia a algo irrepetible.

lunes, 13 de abril de 2026

Aqueró 1858

Me encontré con Guido Ceronetti (1927-2018) en Lourdes en el año 1973, yo no tenía ni veinte años. 

(El agua que me traje de allí todavía se conserva impoluta, más de cincuenta años después.) 

Yo no sabía, en aquel tiempo, de quién se trataba ni de su importancia. Pero sabía el suficiente italiano para comunicarme con él.

Lo que siempre he recordado es lo que me dijo:  BS (1844-1879) vio el atman-brahmán, experimentó la Unidad y esa Presencia dejó en ella una huella imperecedera. 

Pero, le dije, cómo sabe usted eso. 

Porque ella, me respondió, dijo: yo he visto a Aqueró. O sea, a Aquél. 

Según Guido ha sido el último ser en Occidente (1858) en poseer el secreto del Nombre. (Aquello, Eso, Ello.)

Efectivamente, BS conservó -en secreto- una oración que le enseñó Aqueró y que nunca compartió con nadie.

GC me confesó que él la conocía. La habría recibido por inspiración?

Le pedí que me la escribiera en un papel. 

Lo hizo con la condición de que la metiera en un sobre cerrado y sellado y que no la abriera nunca salvo que me encontrara en una circunstancia muy determinada, que no puedo decir. Guardo el secreto. Nunca lo he abierto y cada noche antes de dormirme especulo con el contenido de esa oración inefable transmitida por Aquella que no se ha vuelto a hacer presente en Occidente.

¿Qué haré con ese sobre si nunca me llego a encontrar en esa determinada circunstancia? 

Lo único que pone en el sobre es Aqueró.


sábado, 4 de abril de 2026

El misterio insondable del plan salvador

Un esquema del plan de salvación. 

Época del pueblo elegido.

Solo hay un modo de amar a Dios de forma pura: Israel. La Ley. La sinagoga. 

Época católica.

Jesús nos muestra que se puede amar a Dios sin necesidad de ser judío: siendo discípulo suyo. Nace así la iglesia católica. 

Época de la cristiandad.

Siglos después, la Reforma muestra que se puede ser discípulo de Cristo sin pertenecer a la iglesia católica. Nace así la cristiandad. 

Época de la humanidad.

En el siglo XIX, SK nos muestra que se puede ser discípulo de Cristo sin pertenecer a la cristiandad. Nace así la humanidad cristiana, no como mera admiradora de Cristo sino como cuerpo místico de Cristo. 

Nada prescribe, nada caduca: la sinagoga es santa, la iglesia católica es santa, la cristiandad es santa. La humanidad será santa. 

Cuando una institución elegida entra en crisis debe aparecer algo nuevo -no para sustituir o reemplazar o superar lo que hay- para que el plan salvador no decaiga pues el espíritu no descansa. 

Una vez que lo nuevo emerge como salvación, lo anterior sigue vigente y sigue actuando y debe seguir su camino, aunque -a pesar de sus intentos por regenerarse- no pueda competir en frescura con lo nuevo. 

En todas las transiciones se potencia, aclara e ilumina la figura del Salvador. 

En este desarrollo subyace una lógica inexplicable.

Ni es una lógica dialéctica ni hegeliana. Es una lógica emergente, no racional. Tampoco hay que intentar desentrañarla o entenderla. 

Dios siempre es nuevo.

 

jueves, 26 de marzo de 2026

La lenta aceptación de la decepción

 

Fui al hospital a ver a una persona muy apreciada y cercana porque sabía que estaba muy mal.  Al llegar ya salían sus familiares. Acababa de fallecer. Al acercarme al grupo, un familiar muy cercano al recién fallecido me espetó con cierta animosidad inesperada: tú que haces aquí. No supe que contestar.

En otra ocasión me pasó algo muy parecido. Alguien me dijo que el padre de un amigo estaba muy grave. Inmediatamente fui a verlo. Pero al llegar, el recibimiento fue de este tenor: vienes en muy mal momento. No me acuerdo qué hice.

Un Decano, amigo mío, me presentó al Rector de una universidad muy importante. Yo había sido durante todo el bachillerato amigo y compañero de su hermano, muerto en Africa en trágicas circunstancias. Me identifiqué. Habíamos ido al mismo centro educativo y aunque no nos habíamos tratado porque él era el benjamín de la familia compartíamos circunstancias biográficas muy poco comunes. Ignoró todo lo que le dije. No quiso hablar de nada. Su actitud, repentinamente, se tornó fría y distante, muy lejos de la aparente afabilidad mostrada en un principio.

Me encuentro en El Retiro una pluma que siempre me había gustado poseer que tiene un precio prohibitivo para mis posibles. A los pocos días, unos carteles en los árboles y farolas cercanos al hallazgo me avisaban de que el perdedor tenía teléfono y demandaba que quién la hubiere encontrado se pusiese en contacto con él. Así lo hice. Me quiso dar una propina.

Cuál fue mi sorpresa cuando la embajada danesa se puso en contacto conmigo porque cada año dan un reconocimiento a quien haya divulgado convenientemente el pensamiento de SK. No cabía en mi de gozo. Efectivamente, llevaba un tiempo publicando artículos sobre mi admirado filósofo. Pero cuando llegué al acto de entrega resultó que todo había sido una equivocación. La elegida era otra persona. Muy conocida, por cierto. Ya me extrañaba a mí que fuera yo el premiado. No me pidieron disculpas.

Una ilustre catedrática que dirigía un programa de educación de adultos en la ONU me dijo que quería utilizar un libro mío -en el catálogo de una editorial de mucho prestigio- para dicho programa. Pero el dueño de la editorial donde estaba publicado, persona de mucho prestigio, había rehusado darle el plácet para ello. A mí, sin embargo, no informó de nada de eso. Tiempo después me avisó que fuera a retirar de su almacén los libros no vendidos porque los iban a destruir. Nunca he sabido por qué me odiaba tanto.

Cuando pierdes el rastro de un amigo de la primera juventud siempre fantaseas con que te lo puedes encontrar en cualquier momento por cualquier ciudad. A mi añorado amigo no le había vuelto a ver desde que se casó. Treinta y tantos años. Pues bien, un día lo reconocí por la calle. Qué ilusión me hizo. Me bajé en cuanto pude del autobús. Y corrí hasta alcanzarle. Pero él no se acordaba de mí ni sabía de qué le estaba hablando. Pensó que era un timador.

Entre los 12 y los 17 años tuve un preceptor que era de los mayores expertos mundiales en Averroes. Un día vi anunciado en mi propia universidad la presentación de la traducción del Comentario al tratado sobre el alma de Aristóteles de Averroes. Habían pasado muchos años, de verdad, muchos. Me acerqué a la mesa al terminar el acto. Le quería hablar de mi itinerario universitario (inimaginable para mí a los diecisiete) y agradecerle todo lo que me había enseñado: la Salamanca de Unamuno, el pensamiento de Ortega y de Husserl, sus relaciones con el mundo musulmán (en los 70 era muy amigo del coronel Gadafi, por ejemplo.) Parecía otra persona. No me reconoció. No sabía de lo que le estaba hablando. Me alejé muy triste.

En 1979 conocí a uno de los mayores expertos en la vida y obra de Bonhoeffer (1906-1945). Entonces no lo sabía, lo descubrí 11 años después. No me habló de él nunca y yo desconocía la existencia y la importancia, además, de Bonhoeffer. Después de algunos encuentros y conversaciones no volví a verle más salvo, incidentalmente, en sitios como el Auditorio, una sala de cine o por el paseo de El Pintor Rosales. Menos que un saludo o un reconocimiento mutuo. Cuando comprendí la grandeza de Bonhoeffer y la importancia de quien había dedicado toda su vida a estudiar y difundir su legado, me apenó esa falta de juventud por mi parte, una falta de atención imperdonable. En 2001 vi su esquela en el periódico. Y el anuncio del lugar y hora de su funeral. Fui y me puse en la última fila. Es lo menos que podía hacer.

Y de pronto, un día te escribe alguien para agradecerte que tú -sin saber- le salvaste la vida.