Siempre que visito a mi primer y verdadero profesor de humanidades, un hombre de 96 años que no ha perdido la esperanza ni la lucidez, vuelvo reconfortado. La otra tarde estuvo especialmente locuaz. Cuando salí de su compañía no esperé a llegar a casa para resumir todo lo que me dijo. En una mesa apartada de mi pub preferido -y acompañado de varios cafés irlandeses- tomé las siguientes notas:
Lo más importante de todo lo que
ocurre es secreto. Nunca olvides eso.
¿Qué pasaría si, de pronto, en
todas las iglesias católicas los que van a comulgar lo hicieran de rodillas y
en la boca?
Qué gran crimen es privar a los
estudiantes del latín y el griego. Haciendo eso se ha impulsado, además, la
decadencia de las lenguas europeas (él sabe varias.)
Sería imposible que triunfaran
los demagogos -como ocurre a diario- si hubiera un cuerpo sólido de conocedores
del latín y el griego.
Se necesitan sacerdotes católicos
muy bien formados en las lenguas clásicas.
Presiento una pronta insurrección
popular en el mundo hispánico. Y no es, como las revoluciones precedentes,
fruto ni de la codicia ni de la envidia.
Se está forjando una
clandestinidad insurrecta a la vista de todos los necios, pero no lo advierten
sino los iniciados.
Dice NGD que latín y griego
educan porque transmiten una visión del mundo antagónica a la actual. No leer
durante un tiempo sino latín y griego es lo único que desinfecta el alma.
Todavía no se ha formulado como
se debe la crítica del estado de cosas vigente. Falta llegar hasta las últimas
consecuencias.
Mucho de lo que ocurre es
producto de la coyunda entre un pueblo castrado y una plutocracia plebeya.
Cada año que pasa más ignorantes,
más brutos y más viles.
Ahora sí que podríamos dividir al
personal en dos grandes categorías: la de los criminales y la de los tontos.
¡Ay del clero! Qué vendaval de
estupidez.
Cuando los católicos progresistas
dejen de hacerse perdonar (su fe, se entiende) por los adversarios liberarán
una gran cantidad de energía para lograr más conversiones y menos apostasías.
Dejó escrito un desengañado NGD:
con mis actuales compatriotas solo comparto el pasaporte. (Antonio, yo no
llego a tanto.)
Lo que el progre, el zurdo, el
izquierdista y esa morralla detestan del catolicismo es su impronta cristiana, romana
y griega.
España ha acabado siendo un lugar
de veraneo. Qué asco.