Cuando se “encontraron” las cartas que Saulo (el futuro Pablo) escribió al Sanedrín justificando el porqué era necesaria la persecución implacable de sus hermanos de raza (los discípulos del Señor) hasta su exterminio hubo división en la cúpula vaticana.
La mayoría no era partidaria de
su publicación.
Solo un monseñor, con
posibilidades de llegar a ser Papa, creía necesaria su difusión.
Nunca se han publicado y solo un pequeño
grupo de personas las conoce íntegramente.
Ese era el motivo verdadero, ahora
puedo contarlo, de mi año sabático en Roma durante el curso 2007/2008.
Mi universidad me lo concedió para
estudiar el desarrollo cognitivo durante la vida adulta de las personas con
ceguera congénita en la Facultad de Psicología de La Sapienza.
¿Cómo me había enterado de ese secreto
tan bien guardado?
No puedo decirlo todavía.
Pero lo que sí puedo decir es que
lo primero que hice al llegar a Roma fue visitar la sinagoga. Ahí me remitieron
a un centro (en el Trastevere) de la comunidad hebrea para estudiar el idioma. Me
dijeron que en el momento que alcanzara el nivel exigido me las mostrarían.
Ese momento no llegó. Me volví a
Madrid sin haber podido verlas.
Sí pude hablar con una persona
que las conocía y que tenía una transcripción completa de ellas.
Lo que me contó -y no me lo contó
todo- me dejó anonadado.
Estaba claro que Saulo contemplaba
el cristianismo desde el judaísmo (primera navegación) y el judaísmo desde el cristianismo
(segunda navegación).