Este verano he leído pocos libros pero los recomiendo muy vivamente.
Sobre la violencia (1969) y Sobre la revolución (1963), ambos de Hannah Arendt. En ellos la autora practica eso que ella misma denomina pensamiento: un silencioso diálogo de la mente consigo misma. Su pensamiento arroja mucha luz, ilumina muchas sombras, sobre los dos fenómenos que estudia: violencia y revolución. En los dos ensayos hay momentos memorables.
Precisamente por sugerencia de H. A. he leido Billy Budd, marinero (1891) de Herman Melville. H. A. hace un análisis de este relato -en el capítulo 2 de Sobre la revolución- portentoso. (Lo relaciona con "El Gran Inquisidor" de Dostoievski.) Según ella, H. M. muestra cómo "la bondad absoluta es casi tan peligrosa como el mal absoluto." Atención, porque este pensamiento es muy complejo y de una sutileza extrema.
De H. Söderberg he leido Doctor Glas (1905). Plantea -nada más y nada menos- que la posibilidad del asesinato ético. El fondo de la novela es repugnante pero la maestría con la que está escrita causa estupor. La novela anuncia claramente el neopaganismo de la sociedad europea contemporánea. Es un reto leer este relato. Es un test para la conciencia de cada lector. ¿Con quién estamos con el Doctor o con la detestable víctima?
Todo lo contrario que los dos relatos de Alexandr Solzhenitsyn: La casa de Matriona e Incidente en la estación de Kochetovka. El primero, un prodigio de concisión, versa sobre la realidad misteriosa del bien y de la bondad en el lugar más insospechado. El segundo es una obra maestra sobre la banalidad del mal y sobre la cooperación necesaria de los mediocres y vulgares en el surgimiento del mal absoluto.
Por último, Paisajes de la metrópoli de la muerte, de Otto Dov Kulka (1933) es un testimonio de alguien que ha conocido en persona el mal radical. El libro es muy perturbador. Desasosiega y no deja vivir porque no permite olvidar el mal causado por los totalitarismos tan bien estudiados por Hannah Arendt.
(Saludos a todos los seguidores rusos y americanos -del norte y del sur- de Juicio propio.)
domingo, 1 de septiembre de 2013
martes, 20 de agosto de 2013
Inseguridades, dudas, indefiniciones, pocas certezas...
A mi me afectan mucho los pequeños detalles. Y llevo observando, últimamente, algunos pequeños detalles que me conturban poderosamente.
Es el caso del médico que tiene que hacer la autopsia de un cadáver -fallecido en un terrible atentado- y comprueba, aterrorizado, que la mujer tenía todo sus órganos vitales invadidos por el cáncer. Y no sabe si decirles a la familia que, aunque no hubiera fallecido en el atentado, lo hubiera hecho -con terribles dolores- en muy poco tiempo. O si, por el contrario, ocultar la información. A mi me parece un dilema mortal y cuando me lo contó me estremecí.
O el caso del científico que está a punto de resolver un problema de una envergadura histórica, al que ha dedicado 30 o 40 años, pero le falta un pequeño detalle con el que él sólo no puede. Y sabe, positivamente, que en cuanto comunique sus decisivos y geniales pero insuficientes avances, tiburones al acecho en las redacciones de las mejores revistas científicas, se los robarán. Y le despojarán sin escrúpulos de su trabajo.
Y qué decir del abnegado sacerdote de una parroquia de uno de los arrabales de cualquiera periferia, que sabe que las experiencias sobrenaturales que la vidente comunica, son un fraude mayúsculo pero mucha gente la cree y al creerla se producen milagrosas curaciones, poderosas transformaciones...
Pero también en el campo de las ciencias experimentales, en este caso, de la química me entero de hechos sorprendentes: por ejemplo, he leído un estudio histórico sobre la tabla periódica de los elementos. El autor -enormemente versado en el tema- da a entender, que no hay una tabla óptima con la que todos los teóricos estén de acuerdo. Por el contrario, hay muchas posibles y diferentes tablas periódicas. Y, sobre todo, no están de acuerdo en lo principal, a saber: si la tabla es un descubrimiento o si es una construcción de la mente humana. Parece ser que nunca habrá una tabla óptima y perfecta. (Hay detalles indecidibles.)
También he leído un artículo de física donde los autores muestran -matemáticamente- que tanto el modelo heliocéntrico cuanto el de Ticho Brahe predicen y explican igualmente bien el paralaje estelar. Ya sé que desde 1931 se conocen proposiciones formalmente indecidibles, pero en el campo de la lógica, de las matemáticas y de la metamatemática. ¿Nos estaremos acercando al conocimiento -y establecimiento- de proposiciones indecidibles en el campo de los hechos empíricos también? Sería un cambio como no lo ha conocido la historia del conocimiento hasta el momento.
Por no hablar de ese Nobel de economía francés -pero aficionado a la astronomía- que descubrió un efecto sobre el péndulo de Foucault durante un eclipse solar que todavía no ha podido ser explicado. Aquí el detalle está en que a un economista -que como tal alcanzará la gloria- se le ocurriera indagar en los efectos de los eclipses solares sobre los péndulos. ¿No es asombroso?
Por otra parte veo que la resistencia de la burocracia científica a la aceptación de hechos para los que no hay posible explicación está decayendo. Es el caso de las experiencias cercanas a la muerte. Ya me resultó casi milagroso que The Lancet aceptara publicar la investigación de van Lommel sin censuras previas. Pero es que ahora me entero de que la revista científica PNAS ha publicado un artículo sobre experiencias cercanas a la muerte, pero en ratas de laboratorio. (No lo he podido leer y sólo conozco el abstract.) Eso supone que el establecimiento científico acepta el hecho repetidamente verificado de experiencias mentales en ausencia de actividad cerebral. Y eso es lo raro: la mente humana rechaza todo aquello que no puede asimilar, explicar o enmarcar. Por primera vez se estaría produciendo el fenómeno contrario: aceptar algo para lo que no se tiene una explicación. Lo considero un pequeño detalle de proporciones imprevisibles.
Todo ello se mezcla con experiencias personales y subjetivas. Volver a Mallorca, pongamos, después de más de 30 años y encontrar pequeños pero sutiles cambios en los lugares secretos, amorosamente custodiados en la memoria y que sólo comunicas a quien quieres. Un Puig, una cueva sagrada, un pequeño museo, una determinada cafetería en un determinado paseo, una cala prohibida para los turistas, una calle escondida, un santuario, un sendero de pinos o un determinad atardecer...
Otra cosa que me maravilla es que después de haberse publicado tantos libros sobre los campos de concentración y sobre el gulag toda siga igual. Ya nadie puede alegar ignorancia. Me asombra el poco -o ningún- asombro que produce. Pero si ahí está concentrado todo el mal posible. Si eso es, precisamente, lo que hay que redimir. Sobre lo que hay que pensar y meditar para convertirlo en el centro vital de toda Política.
Y vuelvo a leer después de veintitantos años Las Confesiones de Agustín de Hipona y vuelvo a encontrarlas arrebatadoras. Es un estricto contemporáneo nuestro. Nos podríamos entender perfectamente con él. Bueno, si no todos, al menos, los que somos sensibles a los aspectos o los que consideramos que en los pequeños detalles está la salvación.
ACI
Es el caso del médico que tiene que hacer la autopsia de un cadáver -fallecido en un terrible atentado- y comprueba, aterrorizado, que la mujer tenía todo sus órganos vitales invadidos por el cáncer. Y no sabe si decirles a la familia que, aunque no hubiera fallecido en el atentado, lo hubiera hecho -con terribles dolores- en muy poco tiempo. O si, por el contrario, ocultar la información. A mi me parece un dilema mortal y cuando me lo contó me estremecí.
O el caso del científico que está a punto de resolver un problema de una envergadura histórica, al que ha dedicado 30 o 40 años, pero le falta un pequeño detalle con el que él sólo no puede. Y sabe, positivamente, que en cuanto comunique sus decisivos y geniales pero insuficientes avances, tiburones al acecho en las redacciones de las mejores revistas científicas, se los robarán. Y le despojarán sin escrúpulos de su trabajo.
Y qué decir del abnegado sacerdote de una parroquia de uno de los arrabales de cualquiera periferia, que sabe que las experiencias sobrenaturales que la vidente comunica, son un fraude mayúsculo pero mucha gente la cree y al creerla se producen milagrosas curaciones, poderosas transformaciones...
Pero también en el campo de las ciencias experimentales, en este caso, de la química me entero de hechos sorprendentes: por ejemplo, he leído un estudio histórico sobre la tabla periódica de los elementos. El autor -enormemente versado en el tema- da a entender, que no hay una tabla óptima con la que todos los teóricos estén de acuerdo. Por el contrario, hay muchas posibles y diferentes tablas periódicas. Y, sobre todo, no están de acuerdo en lo principal, a saber: si la tabla es un descubrimiento o si es una construcción de la mente humana. Parece ser que nunca habrá una tabla óptima y perfecta. (Hay detalles indecidibles.)
También he leído un artículo de física donde los autores muestran -matemáticamente- que tanto el modelo heliocéntrico cuanto el de Ticho Brahe predicen y explican igualmente bien el paralaje estelar. Ya sé que desde 1931 se conocen proposiciones formalmente indecidibles, pero en el campo de la lógica, de las matemáticas y de la metamatemática. ¿Nos estaremos acercando al conocimiento -y establecimiento- de proposiciones indecidibles en el campo de los hechos empíricos también? Sería un cambio como no lo ha conocido la historia del conocimiento hasta el momento.
Por no hablar de ese Nobel de economía francés -pero aficionado a la astronomía- que descubrió un efecto sobre el péndulo de Foucault durante un eclipse solar que todavía no ha podido ser explicado. Aquí el detalle está en que a un economista -que como tal alcanzará la gloria- se le ocurriera indagar en los efectos de los eclipses solares sobre los péndulos. ¿No es asombroso?
Por otra parte veo que la resistencia de la burocracia científica a la aceptación de hechos para los que no hay posible explicación está decayendo. Es el caso de las experiencias cercanas a la muerte. Ya me resultó casi milagroso que The Lancet aceptara publicar la investigación de van Lommel sin censuras previas. Pero es que ahora me entero de que la revista científica PNAS ha publicado un artículo sobre experiencias cercanas a la muerte, pero en ratas de laboratorio. (No lo he podido leer y sólo conozco el abstract.) Eso supone que el establecimiento científico acepta el hecho repetidamente verificado de experiencias mentales en ausencia de actividad cerebral. Y eso es lo raro: la mente humana rechaza todo aquello que no puede asimilar, explicar o enmarcar. Por primera vez se estaría produciendo el fenómeno contrario: aceptar algo para lo que no se tiene una explicación. Lo considero un pequeño detalle de proporciones imprevisibles.
Todo ello se mezcla con experiencias personales y subjetivas. Volver a Mallorca, pongamos, después de más de 30 años y encontrar pequeños pero sutiles cambios en los lugares secretos, amorosamente custodiados en la memoria y que sólo comunicas a quien quieres. Un Puig, una cueva sagrada, un pequeño museo, una determinada cafetería en un determinado paseo, una cala prohibida para los turistas, una calle escondida, un santuario, un sendero de pinos o un determinad atardecer...
Otra cosa que me maravilla es que después de haberse publicado tantos libros sobre los campos de concentración y sobre el gulag toda siga igual. Ya nadie puede alegar ignorancia. Me asombra el poco -o ningún- asombro que produce. Pero si ahí está concentrado todo el mal posible. Si eso es, precisamente, lo que hay que redimir. Sobre lo que hay que pensar y meditar para convertirlo en el centro vital de toda Política.
Y vuelvo a leer después de veintitantos años Las Confesiones de Agustín de Hipona y vuelvo a encontrarlas arrebatadoras. Es un estricto contemporáneo nuestro. Nos podríamos entender perfectamente con él. Bueno, si no todos, al menos, los que somos sensibles a los aspectos o los que consideramos que en los pequeños detalles está la salvación.
ACI
martes, 30 de julio de 2013
Una historia increible
Soy
un médico oftalmólogo desde hace mucho tiempo. El otro día tuve que revisar el
caso de una mujer de 92 años que ya había visto hacía un año. Tenía cataratas muy
semejantes y muy formadas en ambos ojos. Le había puesto un tratamiento por una
tensión ocular muy elevada. Parecía que los dos colirios habían hecho efecto. La
tensión estaba controlada. Pero había que decidir, ahora, si se le operaba de las cataratas. Vi el
nervio óptico totalmente atrofiado. Lo desaconsejé. Sin embargo ocurría algo
extraño: ¿cómo era posible que viera perfectamente todas las filas de letras
cuando mi ayudante -médico en formación en su segundo año- le evaluó la visión.
Tan sólo hacía cuatro meses no veía más que el movimiento de las manos con el
ojo izquierdo y la mitad de las filas con el derecho. Me aseguré. Yo mismo le
tomé la visión. Efectivamente veía. Ella no parecía extrañarse de esa
imposibilidad científica o técnica.
¿Efecto
placebo?
Cómo
iba a extrañarse de que unas gotas utilizadas para rebajar la tensión, pudieran
servir para otra cosa distinta, alguien que decía hablar todas las noches con
su madre, fallecida cuando ella tan sólo tenía 5 años. Lo que ella llamaba curarse
de los ojos, así, en general, mediante unas simples gotas, era menos inverosímil.
Intenté saber más acerca de ella y de su vida. Todo en esa vida era milagro
cotidiano. Todo sucedía según las leyes que rigen el vuelo de los ángeles. Encuentros
fortuitos salvadores. Bombas que no estallan. Hijos perdidos y hallados. Aguas
que no conocen la putrefacción. Sueños premonitorios. Pero lo que para una
mente deformada como la mía es milagro no lo es para la suya. Lo natural, en
ella, es lo imposible. Vive en lo real imposible.
Mi
problema ahora era muy sencillo de formular pero muy difícil de resolver. ¿Le
decía que siguiera con los colirios o se los retiraba? A ver si adivináis qué
hice.
A.C.
Íñigo
viernes, 19 de julio de 2013
Vivimos muy engañados
El apellido de una
persona puede influir sutilmente en nuestro corazón, sobre todo si coincide con
el nuestro. También la fecha de nacimiento.
Juzgamos los productos
por sus embalajes, los libros por sus tapas e incluso los informes anuales de
las empresas por su papel satinado.
Gente normal y gente
con daños cerebrales prefiere Pepsi a Coca-Cola cuando no saben lo que beben.
Pero los que tienen el cerebro sano cambian a Coca-Cola cuando saben lo que
beben. Los que tienen daños cerebrales no cambian, sin embargo, sus
preferencias.
Los datos entre 1927 y
1990 muestran que las cotizaciones de las acciones se ven influidas tanto por
los días muy soleados como por los días muy nublados (Nueva York).
Hay personas con ojos
intactos que no tienen una sensación consciente de ver y, sin embargo,
responden como si vieran. Se denomina a este fenómeno visión ciega.
Cada año en USA se
realizan 75000 ruedas de identificación o de reconocimiento. Un 25% de las
veces los testigos del delito hacen una elección que la policía sabe que es
incorrecta.
Se ha podido inducir
experimentalmente en las personas el recuerdo de sucesos que nunca se han
producido. Y recordar algo que nunca ha ocurrido es algo muy grave.
Es mucho más probable
morir a causa del dolor social (exclusión) que a causa del dolor físico.
Etiquetar a unos niños
como dotados es un arma poderosa: es como una profecía autocumplida. Calificar
a un niño de torpe para el aprendizaje contribuye a que el niño sea exactamente
eso.
Ajustamos la cantidad
de tiempo que dedicamos a mirar a los ojos de otra persona en función de
nuestra posición social relativa, y, por lo general, lo hacemos sin darnos
cuenta.
Las mujeres tienden a
asociar las voces graves con hombres altos, musculosos y de pelo en pecho. La
atracción de las mujeres hacia los hombres con voces graves es más pronunciada
cuando una mujer se encuentra en la fase fértil de su ciclo de ovulación.
Nuestra voz actúa como un anuncio subliminal de
nuestra sexualidad. Los hombres con voz más grave tienden a tener un
nivel más alto de testosterona.
Si hablas más rápido,
más alto, con menos pausas y con mayor variación puedes parecer más competente.
Un número significativamente
menor de los clientes que vieron un hurto cometido por un hombre bien vestido
informó del delito, en comparación con los que habían visto a la persona
desaliñada.
Los mensajes
publicitarios que al condenar una conducta resaltan normas sociales no deseadas
pueden tener resultados opuestos a los buscados.
Nos importa mucho
sentirnos distintos de los otros y superiores. No maximizamos los premios para
nuestro propio grupo sino la diferencia entre lo que recibe nuestro grupo y lo
que recibe el otro grupo. La gente elige de un modo inequívoco discriminar a
favor de su propio grupo (endogrupo) en
lugar de actuar en aras del bien mayor.
Las mujeres cuando
ovulan llevan vestidos más insinuantes, se tornan sexualmente más competitivas
y aumentan su preferencia por los
hombres sexualmente competitivos.
Sentimos muchas cosas
que no sabemos que sentimos. Aunque pensemos que sabemos lo que sentimos, a
menudo no conocemos ni el contenido ni los orígenes inconscientes de ese
contenido.
Seríamos conscientes de
alrededor del 5% de nuestra cognición. El 95% restante escapa a nuestra
conciencia.
Leonard Mlodinow (2012/2013) Subliminal. Crítica, Barcelona. Traducción de Joan Lluís Riera.
martes, 9 de julio de 2013
La importancia del no saber ni entender
Acá no hay sentir, sino gozar sin entender lo que se goza. Entiéndese que se goza un bien, adonde junto se encierran todos los bienes; mas no se comprende este bien.
El cómo es ésta que llaman unión y lo que es, yo no lo sé dar a entender. En la mística teología se declara; que yo los vocablos no sabré nombrarlos; ni sé entender qué es mente, ni qué diferencia tenga del alma o espíritu tampoco.
Ahora vengamos a lo interior de lo que el alma aquí siente. Dígalo quien lo sabe, que no se puede entender: ¡cuánto más decir! (...) Deshácese toda, hija, para ponerse más en Mí; ya no es ella la que vive sino Yo. Como no puede comprender lo que entiende, es no entender entendiendo.
La voluntad debe estar bien ocupada en amar, mas no entiende cómo ama. El entendimiento, si entiende, no se entiende cómo entiende; al menos no puede comprender nada de lo que entiende. A mi no me parece que entiende; porque - como digo - no se entiende. Yo no acabo de entender esto.
Teresa de Jesús: Libro de la Vida, capítulo 18. En que trata del cuarto grado...
El cómo es ésta que llaman unión y lo que es, yo no lo sé dar a entender. En la mística teología se declara; que yo los vocablos no sabré nombrarlos; ni sé entender qué es mente, ni qué diferencia tenga del alma o espíritu tampoco.
Ahora vengamos a lo interior de lo que el alma aquí siente. Dígalo quien lo sabe, que no se puede entender: ¡cuánto más decir! (...) Deshácese toda, hija, para ponerse más en Mí; ya no es ella la que vive sino Yo. Como no puede comprender lo que entiende, es no entender entendiendo.
La voluntad debe estar bien ocupada en amar, mas no entiende cómo ama. El entendimiento, si entiende, no se entiende cómo entiende; al menos no puede comprender nada de lo que entiende. A mi no me parece que entiende; porque - como digo - no se entiende. Yo no acabo de entender esto.
Teresa de Jesús: Libro de la Vida, capítulo 18. En que trata del cuarto grado...
lunes, 24 de junio de 2013
Hyperion, Hölderlin
Non coerci maximo, contineri tamen minimo, divinum est.
(Es divino no estar encerrado en lo máximo y estar, sin embargo, contenido en lo mínimo.)
(Es divino no estar encerrado en lo máximo y estar, sin embargo, contenido en lo mínimo.)
lunes, 17 de junio de 2013
Para Josefa, que ha vuelto
Pollença el vent Pollença
-les cales verdes pins-
"jovenesa de l´aire"
et recorden els vents
de la tarda
"el matalàs d´arena", veritat de les auques
-amb tu, molt lluny amb tu,
la teva mort.
Somrius en el capvespre
el cap del vespre.
Verdegen els camins, amic,
pau de Pollença.
Ramón Xirau, 1999
-les cales verdes pins-
"jovenesa de l´aire"
et recorden els vents
de la tarda
"el matalàs d´arena", veritat de les auques
-amb tu, molt lluny amb tu,
la teva mort.
Somrius en el capvespre
el cap del vespre.
Verdegen els camins, amic,
pau de Pollença.
Ramón Xirau, 1999
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