domingo, 1 de septiembre de 2013

En la estela de Hannah Arendt

Este verano he leído pocos libros pero los recomiendo muy vivamente.
Sobre la violencia (1969) y Sobre la revolución (1963), ambos de Hannah Arendt. En ellos la autora practica eso que ella misma denomina pensamiento: un silencioso diálogo de la mente consigo misma. Su pensamiento arroja mucha luz, ilumina muchas sombras, sobre los dos fenómenos que estudia: violencia y revolución. En los dos ensayos hay momentos memorables.
Precisamente por sugerencia de H. A. he leido Billy Budd, marinero (1891) de Herman Melville. H. A. hace un análisis de este relato -en el capítulo 2 de Sobre la revolución- portentoso. (Lo relaciona con "El Gran Inquisidor" de Dostoievski.) Según ella, H. M. muestra cómo "la bondad absoluta es casi tan peligrosa como el mal absoluto." Atención, porque este pensamiento es muy complejo y de una sutileza extrema.
De H. Söderberg he leido Doctor Glas (1905). Plantea -nada más y nada menos-  que la posibilidad del asesinato ético. El fondo de la novela es repugnante pero la maestría con la que está escrita causa estupor. La novela anuncia claramente el neopaganismo de la sociedad europea contemporánea. Es un reto leer este relato. Es un test para la conciencia de cada lector. ¿Con quién estamos con el Doctor o con la detestable víctima?
Todo lo contrario que los dos relatos de Alexandr Solzhenitsyn: La casa de Matriona e Incidente en la estación de Kochetovka. El primero, un prodigio de concisión, versa sobre la realidad misteriosa del bien y de la bondad en el lugar más insospechado. El segundo es una obra maestra sobre la banalidad del mal y sobre la cooperación necesaria de los mediocres y vulgares en el surgimiento del mal absoluto.
Por último, Paisajes de la metrópoli de la muerte, de Otto Dov Kulka (1933) es un testimonio de alguien que ha conocido en persona el mal radical. El libro es muy perturbador. Desasosiega y no deja vivir porque no permite olvidar el mal causado por los totalitarismos tan bien estudiados por Hannah Arendt.

(Saludos a todos los seguidores rusos y americanos -del norte y del sur- de Juicio propio.)

martes, 20 de agosto de 2013

Inseguridades, dudas, indefiniciones, pocas certezas...

A mi me afectan mucho los pequeños detalles. Y llevo observando, últimamente, algunos pequeños detalles que me conturban poderosamente.

Es el caso del médico que tiene que hacer la autopsia de un cadáver -fallecido en un terrible atentado- y comprueba, aterrorizado, que la mujer tenía todo sus órganos vitales invadidos por el cáncer.  Y no sabe si  decirles a la familia que, aunque no hubiera fallecido en el atentado, lo hubiera hecho -con terribles dolores- en muy poco tiempo. O si, por el contrario, ocultar la información. A mi me parece un dilema mortal y cuando me lo contó me estremecí.
O el caso del científico que está a punto de resolver un problema de una envergadura histórica, al que ha dedicado 30 o 40 años, pero le falta un pequeño detalle con el que él sólo no puede. Y sabe, positivamente, que en cuanto comunique sus decisivos y geniales pero insuficientes avances, tiburones al acecho en las redacciones de las mejores revistas científicas, se los robarán. Y le despojarán sin escrúpulos de su trabajo.
Y qué decir del abnegado sacerdote de una parroquia de uno de los arrabales de cualquiera periferia, que sabe que las experiencias sobrenaturales que la vidente comunica, son un fraude mayúsculo pero mucha gente la cree y al creerla se producen milagrosas curaciones, poderosas transformaciones...

Pero también en el campo de las ciencias experimentales, en este caso, de la química me entero de hechos sorprendentes: por ejemplo, he leído un estudio histórico sobre la tabla periódica de los elementos. El autor -enormemente versado en el tema- da a entender, que no hay una tabla óptima con la que todos los teóricos estén de acuerdo. Por el contrario, hay muchas posibles y diferentes tablas periódicas. Y, sobre  todo, no están de acuerdo en lo principal, a saber: si la tabla es un descubrimiento o si es una construcción de la mente humana. Parece ser que nunca habrá una tabla óptima y perfecta. (Hay detalles indecidibles.)
También he leído un artículo de física donde los autores muestran -matemáticamente- que tanto el modelo heliocéntrico cuanto el de Ticho Brahe predicen y explican igualmente bien el paralaje estelar. Ya sé que desde 1931 se conocen proposiciones formalmente indecidibles, pero en el campo de la lógica, de las matemáticas y de la metamatemática. ¿Nos estaremos acercando al conocimiento -y establecimiento- de proposiciones indecidibles en el campo de los hechos empíricos también? Sería un cambio como no lo ha conocido la historia del conocimiento hasta el momento.
Por no hablar de ese Nobel de economía francés -pero aficionado a la astronomía- que descubrió un efecto sobre el péndulo de Foucault durante un eclipse solar que todavía no ha podido ser explicado. Aquí el detalle está en que a un economista -que como tal alcanzará la gloria- se le ocurriera indagar en los efectos de los eclipses solares sobre los péndulos. ¿No es asombroso?

Por otra parte veo que la resistencia de la burocracia científica a la aceptación de hechos para los que no hay posible explicación está decayendo. Es el caso de las experiencias cercanas a la muerte. Ya me resultó casi milagroso que The Lancet aceptara publicar la investigación de van Lommel sin censuras previas. Pero es que ahora me entero de que la revista científica PNAS ha publicado un artículo sobre experiencias cercanas a la muerte, pero en ratas de laboratorio. (No lo he podido leer y sólo conozco el abstract.)  Eso supone que el establecimiento científico acepta el hecho repetidamente verificado de experiencias mentales en ausencia de actividad cerebral. Y eso es lo raro: la mente humana rechaza todo aquello que no puede asimilar, explicar o enmarcar. Por primera vez se estaría produciendo el fenómeno contrario: aceptar algo para lo que no se tiene una explicación. Lo considero un pequeño detalle de proporciones imprevisibles.

Todo ello se mezcla con experiencias personales y subjetivas. Volver a Mallorca, pongamos, después de más de 30 años y encontrar pequeños pero sutiles cambios en los lugares secretos, amorosamente custodiados en la memoria y que sólo comunicas a quien quieres. Un Puig, una cueva sagrada, un pequeño museo, una determinada cafetería en un determinado paseo, una cala prohibida para los turistas, una calle escondida, un santuario, un sendero de pinos o un determinad atardecer...

Otra cosa que me maravilla es que después de haberse publicado tantos libros sobre los campos de concentración y sobre el gulag toda siga igual.  Ya nadie puede alegar ignorancia. Me asombra el poco -o ningún- asombro que produce. Pero si ahí está concentrado todo el mal posible. Si eso es, precisamente, lo que hay que redimir. Sobre lo que hay que pensar y meditar para convertirlo en el centro vital de toda Política.

Y vuelvo a leer después de veintitantos años Las Confesiones de Agustín de Hipona y vuelvo a encontrarlas arrebatadoras. Es un estricto contemporáneo nuestro. Nos podríamos entender perfectamente con él. Bueno, si no todos, al menos, los que somos sensibles a los aspectos o los que consideramos que en los pequeños detalles está la salvación.

ACI


martes, 30 de julio de 2013

Una historia increible

Soy un médico oftalmólogo desde hace mucho tiempo. El otro día tuve que revisar el caso de una mujer de 92 años que ya había visto hacía un año. Tenía cataratas muy semejantes y muy formadas en ambos ojos. Le había puesto un tratamiento por una tensión ocular muy elevada. Parecía que los dos colirios habían hecho efecto. La tensión estaba controlada. Pero había que decidir, ahora,  si se le operaba de las cataratas. Vi el nervio óptico totalmente atrofiado. Lo desaconsejé. Sin embargo ocurría algo extraño: ¿cómo era posible que viera perfectamente todas las filas de letras cuando mi ayudante -médico en formación en su segundo año- le evaluó la visión. Tan sólo hacía cuatro meses no veía más que el movimiento de las manos con el ojo izquierdo y la mitad de las filas con el derecho. Me aseguré. Yo mismo le tomé la visión. Efectivamente veía. Ella no parecía extrañarse de esa imposibilidad científica o técnica.
¿Efecto placebo?
Cómo iba a extrañarse de que unas gotas utilizadas para rebajar la tensión, pudieran servir para otra cosa distinta, alguien que decía hablar todas las noches con su madre, fallecida cuando ella tan sólo tenía 5 años. Lo que ella llamaba curarse de los ojos, así, en general, mediante unas simples gotas, era menos inverosímil. Intenté saber más acerca de ella y de su vida. Todo en esa vida era milagro cotidiano. Todo sucedía según las leyes que rigen el vuelo de los ángeles. Encuentros fortuitos salvadores. Bombas que no estallan. Hijos perdidos y hallados. Aguas que no conocen la putrefacción. Sueños premonitorios. Pero lo que para una mente deformada como la mía es milagro no lo es para la suya. Lo natural, en ella, es lo imposible. Vive en lo real imposible.
Mi problema ahora era muy sencillo de formular pero muy difícil de resolver. ¿Le decía que siguiera con los colirios o se los retiraba? A ver si adivináis qué hice.

A.C. Íñigo

viernes, 19 de julio de 2013

Vivimos muy engañados

El apellido de una persona puede influir sutilmente en nuestro corazón, sobre todo si coincide con el nuestro. También la fecha de nacimiento.
Juzgamos los productos por sus embalajes, los libros por sus tapas e incluso los informes anuales de las empresas por su papel satinado.
Gente normal y gente con daños cerebrales prefiere Pepsi a Coca-Cola cuando no saben lo que beben. Pero los que tienen el cerebro sano cambian a Coca-Cola cuando saben lo que beben. Los que tienen daños cerebrales no cambian, sin embargo, sus preferencias.
Los datos entre 1927 y 1990 muestran que las cotizaciones de las acciones se ven influidas tanto por los días muy soleados como por los días muy nublados (Nueva York).
Hay personas con ojos intactos que no tienen una sensación consciente de ver y, sin embargo, responden como si vieran. Se denomina a este fenómeno visión ciega.
Cada año en USA se realizan 75000 ruedas de identificación o de reconocimiento. Un 25% de las veces los testigos del delito hacen una elección que la policía sabe que es incorrecta.
Se ha podido inducir experimentalmente en las personas el recuerdo de sucesos que nunca se han producido. Y recordar algo que nunca ha ocurrido es algo muy grave.
Es mucho más probable morir a causa del dolor social (exclusión) que a causa del dolor físico.
Etiquetar a unos niños como dotados es un arma poderosa: es como una profecía autocumplida. Calificar a un niño de torpe para el aprendizaje contribuye a que el niño sea exactamente eso.
Ajustamos la cantidad de tiempo que dedicamos a mirar a los ojos de otra persona en función de nuestra posición social relativa, y, por lo general, lo hacemos sin darnos cuenta.
Las mujeres tienden a asociar las voces graves con hombres altos, musculosos y de pelo en pecho. La atracción de las mujeres hacia los hombres con voces graves es más pronunciada cuando una mujer se encuentra en la fase fértil de su ciclo de ovulación. Nuestra voz actúa como un anuncio subliminal de  nuestra sexualidad. Los hombres con voz más grave tienden a tener un nivel más alto de testosterona.
Si hablas más rápido, más alto, con menos pausas y con mayor variación puedes parecer más competente.
Un número significativamente menor de los clientes que vieron un hurto cometido por un hombre bien vestido informó del delito, en comparación con los que habían visto a la persona desaliñada.
Los mensajes publicitarios que al condenar una conducta resaltan normas sociales no deseadas pueden tener resultados opuestos a los buscados.
Nos importa mucho sentirnos distintos de los otros y superiores. No maximizamos los premios para nuestro propio grupo sino la diferencia entre lo que recibe nuestro grupo y lo que recibe el otro grupo. La gente elige de un modo inequívoco discriminar a favor de su propio grupo (endogrupo)  en lugar de actuar en aras del bien mayor.
Las mujeres cuando ovulan llevan vestidos más insinuantes, se tornan sexualmente más competitivas y  aumentan su preferencia por los hombres sexualmente competitivos.
Sentimos muchas cosas que no sabemos que sentimos. Aunque pensemos que sabemos lo que sentimos, a menudo no conocemos ni el contenido ni los orígenes inconscientes de ese contenido.
Seríamos conscientes de alrededor del 5% de nuestra cognición. El 95% restante escapa a nuestra conciencia.

 Leonard Mlodinow (2012/2013) Subliminal. Crítica, Barcelona. Traducción de Joan Lluís Riera.


martes, 9 de julio de 2013

La importancia del no saber ni entender

Acá no hay sentir, sino gozar sin entender lo que se goza. Entiéndese que se goza un bien, adonde junto se encierran todos los bienes; mas no se comprende este bien.

El cómo es ésta que llaman unión y lo que es, yo no lo sé dar a entender. En la mística teología se declara; que yo los vocablos no sabré nombrarlos; ni sé entender qué es mente, ni qué diferencia tenga del alma o espíritu tampoco.

Ahora vengamos a lo interior de lo que el alma aquí siente. Dígalo quien lo sabe, que no se puede entender: ¡cuánto más decir! (...) Deshácese toda, hija, para ponerse más en Mí; ya no es ella la que vive sino Yo. Como no puede comprender lo que entiende, es no entender entendiendo.

La voluntad debe estar bien ocupada en amar, mas no entiende cómo ama. El entendimiento, si entiende, no se entiende cómo entiende; al menos no puede comprender nada de lo que entiende. A mi no me parece que entiende; porque - como digo - no se entiende. Yo no acabo de entender esto.


Teresa de Jesús: Libro de la Vida, capítulo 18. En que trata del cuarto grado...

lunes, 24 de junio de 2013

Hyperion, Hölderlin

Non coerci maximo, contineri tamen minimo, divinum est.
(Es divino no estar encerrado en lo máximo y estar, sin embargo, contenido en lo mínimo.)

lunes, 17 de junio de 2013

Para Josefa, que ha vuelto

Pollença el vent Pollença
-les cales verdes pins-
"jovenesa de l´aire"
et recorden els vents
de la tarda
"el matalàs d´arena", veritat de les auques
-amb tu, molt lluny amb tu,
                          la teva mort.
Somrius en el capvespre
                          el cap del vespre.
Verdegen els camins, amic,
pau de Pollença.

Ramón Xirau, 1999