Me escribe un amigo de Sa Pobla, criado en Xàtiva y residente a caballo entre Alcalá de Henares y Sant Esteve de Sesrovires.
Elogio y
alabanza del padre Prevost. León XIV.
Los días seis,
siete, ocho, nueve y diez de junio he asistido en Madrid y Barcelona a un fenómeno
colectivo que ni en mis mejores sueños había podido imaginar.
Nos ha visitado un
hombre santo, lleno de espíritu santo, humilde y pastor universal.
Todas sus
palabras, gestos, actos y lenguaje corporal me han dejado profundamente conmovido.
Un hijo auténtico
de Agustín de Hipona.
Que haya podido
llegar a ocupar la silla de Pedro una persona así me deja estupefacto.
Efectivamente,
nos ha entregado materiales para un nuevo comienzo, como tu propones.
Muy atentos a su discurso
en el Palacio Real. Basta oír cómo citó la lira inmensa de Juan de la + sobre la
noche que guía, la noche amable para estar seguro de que la ha hecho suya.
Inmenso -o
inimaginable- el acto con la sociedad civil en el Palacio de los Deportes. (Antonio
Banderas colosal.)
Emocionante -o
perfecto- su discurso en el Congreso. Con mención expresa de Teresa y Unamuno tan
necesarios en un tiempo como este.
La misa del Corpus
Christi con millones de almas. La visita a la Almudena. La apoteosis del
Bernabeu con sus fieles.
Y la culminación en
la Sagrada Familia, faro y guía de catalanes y españoles todos.
Catalans i
espanyols som i serem.