Los males de nuestro tiempo son la ignorancia, la miseria y la corrupción, y lo más temible, que nos instalemos en la mentira con la misma naturalidad que nuestros pulmones se acostumbran al aire. Emilio Lledó
La sociedad actual vive inmersa en la mentira absoluta. Jacques Derrida
En estos tiempos de impostura universal, decir la verdad constituye un acto revolucionario. Georges Orwell
La gente teme el pensamiento original más que a nada en el mundo, más que a la ruina, más que a la propia muerte. Bertrand Russell
Lo querían matar los iguales / porque era distinto. Juan Ramón Jiménez
El artista que triunfa en una época es alguien que simpatiza con las clases dominantes de esa época, cuyos intereses defiende y cuyos ideales interpreta, identificándose con ellos. Upton Sinclair
La conducta de unos pocos individuos puede cambiar la conducta de la masa. Ilya Progogine
Aunque soy muy pesimista sobre la humanidad en su conjunto, siento un profundo optimismo motivado por determinados individuos y minorías marginadas. Aldous Huxley
La lucidez y el coraje suelen provocar entre nosotros una reacción visceral de antipatía y rechazo. Manuel Azaña
A los ramplones, el mejor servicio que se les puede hacer es ir contra ellos y partirlos por el eje. Miguel de Unamuno
Todo verdadero hombre debe aprender a quedarse solo en medio de todos, a pensar por todos y, si fuera preciso, contra todos. Romain Roland
Sólo los hombres libres pueden hacer auténtica historia. La historia es la impronta que el hombre libre da al destino. Ernst Jünger
¿Es verdad que vivimos rodeados de mentira y de mentirosos?
¿Es verdad que triunfa la dictadura de la costumbre y que lo verdaderamente original y distinto, lo que proviene, en definitiva, de la energía creadora es perseguido?
¿Es verdad que si quieres ser libre, entonces, estás condenado a la soledad?
Los autores de todas estas frases parecen creerlo así. En palabras de Kierkegaard estarían en un estadio avanzado y superior ya que ven con ojos muy críticos y certeros el estado general de la mayoría, que se encontraría en un estadio inferior.
¿Cuáles son esos dos estadios según el filósofo danés? Seguimos la explicación que da Vicente Simón Marchán en su introducción a Temor y temblor.
Los animales y las plantas no existen, duran. El hombre existe porque se acepta a sí mismo como existente. Y si se niega a elegirse a sí mismo estará eligiendo como quien elige no querer elegirse. Este tipo de hombre vive en el estadio estético, estadio que se caracteriza porque quien vive en él contempla el mundo sin comprometerse con nada, viviendo la pura momentaneidad para evitar el ingreso en el devenir temporal. Don Juan (el de Mozart) es el modelo más acabado de hombre estético. (La película de Losey es magistral.)
¿Ese sería el estado de la ciudadanía actual?
Así parecen creerlo los autores de las frases precedentes.
A veces hay que romper con algo para salir de la ilusión estética y entrar en otro estadio, el ético, superior al estético. El estadio ético es el del hombre que se compromete dentro de la temporalidad, como esposo, amigo, pariente, como trabajador.
¿Es suficiente con este estadio? ¿La lucidez de los autores de esas frases certeras basta para superar el estado de calamidad existencial en el que nos hallamos?
Kierkegaard no lo creía así.
El estadio ético es superior, pero continúa dentro de la temporalidad y sólo tiene validez como introducción al estadio siguiente.
Del mismo modo que la vaciedad del estadio estético hace que se aborde el ético, empujado por la desesperación que produce esa vaciedad, también el hombre ético acaba desesperándose después de que durante un cierto tiempo se ha dedicado a cumplir una y otra vez con el deber que le impone lo general.
¿Cuál sería el siguiente estadio? ¿Hay alguien dispuesto a dar el salto a ese estadio?
Cuando el hombre se decide a pasar al estadio religioso no encuentra en él la paz y la tranquilidad que ofrece la religión institucionalizada. En el estadio religioso, y desaparecidas las ilusiones estéticas y éticas (dos formas de temporalidad, la segunda más seria que la primera, pero temporalidad al fin), queda el hombre cara a cara con la angustia del existir, la existencia es algo misterioso e irracional y el hombre se halla en una relación con la Trascendencia incómoda y peligrosa. El Ser no se dirige al hombre de viva voz, manifestándole sus deseos y expresándose según estructuras lógicas. La relación con Él se vive en el terreno del absurdo y el cristianismo, última manifestación del Absoluto es absurdo. (Kierkegaard opone el concepto de cristianismo al concepto de Cristiandad, es decir el cristianismo oficial.) El diálogo con el Logos es un monólogo, me puedo equivocar y creer que me dice lo que no me dice: ahí radica la angustia, la incomodidad y el riesgo que trae consigo el estadio religioso.
De modo que tendríamos tres estadios. Según lo explica Jorge del Palacio en su introducción a In vino veritas cada estadio constituye un horizonte de sentido por sí mismo. En el primer estadio se persigue el goce sensual y se vive atrapado en la inmediatez del momento. No hay compromisos y se hace de todo aquello que nos rodea un medio para la obtención de placer. En el estadio siguiente se habrían interiorizado normas de alcance universal y se viviría conforme a ellas. La persona en este estadio otorga valor al compromiso, a la responsabilidad y, al contrario, que el esteta, se relaciona con los demás haciendo de cada persona un fin en sí mismo. El matrimonio, en tanto en cuanto constituye una relación desinteresada de reconocimiento mutuo y proyección de futuro, es la relación ética por antonomasia. Finalmente, el último estadio significa relacionarse con el Absoluto a través de la experiencia de la fe: la existencia más auténtica a la que puede aspirar una persona, pues solo ante lo Absoluto adquiere plenitud la vida humana. Sería el caso de Sócrates, por ejemplo.
La jerarquía de los tres estadios constituye una suerte de senda hacia la plenitud, hacia la realización del hombre conforme a valores cada vez más elevados. Pero el paso de un estadio a otro es muy difícil y costoso. La vida de la inmensa mayoría se consume en los estadios inferiores. Para pasar de un estadio a otro hay que romper de forma radical con la actitud de vida presente para asumir algo nuevo y desconocido. Es un salto al vacío. El abismo que separa aquello que uno es de aquello que podría llegar a ser es la angustia. La angustia, paradójicamente, empuja al hombre a dar el salto hacia el estadio cualitativamente superior. El salto más comprometido es el que lleva del estadio ético al religioso, pues, pasar del estadio estético al ético es instalarse en la norma general y en las prácticas socialmente establecidas. El último estadio, en cambio, supone abrirse a lo desconocido. Ese estadio supone ir más allá de la razón y de la ética. Dar el salto al último estadio significa estar dispuesto a aceptar situaciones paradójicas, contradictorias, y, posiblemente, sin salida. Situaciones que no encontrarán ni la comprensión ni la justificación en el seno de la sociedad. Kierkegaard pensaba que quien se adentra por esa senda no encuentra a nadie que pueda echarle una mano, nadie que pueda comprenderle.
¿Hay alguna esperanza?
Tendríamos la siguiente situación. La mayoría vive en la superficialidad, en la duración, no en la auténtica existencia. Hay una minoría que se da cuenta de eso y no acepta esa situación. Se rebela. Profiere quejas. Denuncia. Pero eso no asegura que haya dado el paso definitivo a la existencia auténtica.
La impresión que se tiene es que la inmensa mayoría vive en una suerte de mezcolanza entre el estadio estético y el estadio ético. O bien porque no ha dado el paso definitivo hacia arriba o bien, y eso sería lo peor, porque ha sufrido una especie de regresión hacia atrás. Un número importante de personas, no obstante, se encontrarían en el puro estadio estético y un pequeño número de personas, con una significación cada vez menor desde el punto de vista sociopolítico y cultural en el puro estadio ético.
La existencia auténtica, el estadio religioso, conlleva un grave riesgo. No se sabe dónde está uno. Las personas que frecuentan el estadio ético huyen de lo superficial, pero temen lo desconocido. El estadio religioso es un viaje a lo desconocido. Además, al distinguir entre cristianismo y cristiandad no vale la trampa de que la cristiandad es decepcionante, porque de lo que se trata no es de dar el paso a la cristiandad sino al cristianismo, entendido como existencia auténtica y no como un sistema ético o moral. Y eso supone aceptar la angustia: la incertidumbre de la existencia.
Habría que llegar a donde no se sabe por dónde no se sabe. La docta ignorancia. ¿Quién la recorrerá?
Requisitos para acceder al estadio religioso.
1. Lo primero que hay que hacer es distinguir claramente ente cristianismo y cristiandad. Si se mezclan ambos términos se hace imposible el acceso al estadio religioso.
2. La cristiandad representa lo oficial, lo institucional que puede no tener nada que ver con el cristianismo.
3. El cristianismo es lo que salva, lo que cura, lo que conduce a una vida interior, auténtica, a la verdadera existencia.
4. Al estadio religioso se accede a través del cristianismo, no de la cristiandad.
5. Sumergirse en el cristianismo requiere “implicarse en la contemporaneidad”, “hacer presente el pasado”. No se trata de admirar, no se trata de adorar, se trata de imitar. Eso supone sacrificio. Un prototipo de admirador-adorador: Nicodemo. Un prototipo de imitador: Pablo.
6. ¿Imitar a quién? A Jesús de Nazaret.
7. El cristianismo está en continuidad con Sócrates. El cristianismo no está en continuidad con otras religiones. De hecho, es, en cierto sentido, la cancelación de toda religión. De Sócrates hemos aprendido el cuidado del alma, el cuidado de uno mismo. La existencia. La interioridad. La autenticidad. El rechazo de la superficial exterioridad. También que la verdad supone sufrimiento. A sufrir por la verdad.
8. El cristianismo es el apogeo del sufrimiento por la verdad. Es la liquidación de la inteligencia mundana y de la mediocridad. Es la exaltación de lo singular. La afirmación del espíritu. De la diferencia. De lo que nos hace únicos y diferentes de los otros.
9. El cristianismo no es previsible. En el instante puede emerger lo inesperado. Es la eclosión de lo eterno. En el instante eterno puede aparecer el hombre indicado. Y con él lo que no está en las circunstancias, lo nuevo, la irrupción de la eternidad en la temporalidad. Es imposible de calcular. Requiere audacia.
10. “La excepción explica lo general y se explica así misma”. Porque si no “se pueden explicar las excepciones, entonces tampoco se puede explicar lo general”.
11. El cristianismo va más allá de toda estética y de toda ética, aunque no las desprecia y puede iluminarlas. Puede exigir violar códigos éticos fuertemente establecidos. Ejemplo: Abraham.
12. No está atado a nada. Sólo al amor. “Ama y haz lo que quieras.”
13. Es preciso distinguir entre lo temporal y lo eterno; entre lo finito y lo infinito; entre lo general y lo singular.
14. El cristianismo tiene una grave dificultad: requiere fe. La verdad es revelada. El cristiano es el creyente por antonomasia. Pero no cree en este mundo. El individuo religioso se apoya en sí mismo y desprecia todos los garabatos infantiles de la realidad exterior y visible.
15. El cristianismo tiene una gran ventaja: es puro amor. No es nada más que amor.
16. El cristianismo produce angustia. Ilumina las zonas tenebrosas que no quieren aparecer como lo que son: pecado o fruto del pecado. Pero ofrece salvación y gracia.
17. El cristianismo es prueba. Esta categoría no es estética ni ética o dogmática, sino totalmente trascendente. El caso de Job. Se libró de “todos los subterfugios de la ética”.
18. Hay una repetición tediosa, pero hay una repetición auténtica: la eternidad. El cristianismo vincula con lo eterno.
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