jueves, 12 de marzo de 2026

La época presente según el genio de SK

 Cada época tiene su característica propia. ¿Cuál es la de la nuestra?

¿Violenta, desenfrenada, salvaje, desconsiderada?

¿Ha desaparecido el individuo, la individualidad, la excelencia, la interioridad?

¿Hay una preeminencia de la masa, del público, de la opinión pública?

¿Chismorreo, habladurías, hablar por hablar, cotilleo, superficialidad?

Como dejó dicho SK -ya en 1846- hay un proceso de nivelación masivo que ahoga a cada persona individual y la apelmaza en un todo amorfo y castrador.

¿Ya demasiado acostumbrados al mal?

Pero como solo se puede encontrar reposo en lo más alto, en lo sobrenatural, cuando no se ha eliminado el misterio y no se niega o combate o silencia lo esencial, se puede decir que la inmensa mayoría no vive, ¿tan solo vegeta?

Decía SK -ya por el año 1846- que se había suprimido el principio de contradicción. ¿Qué diría ahora?

No sucede nada, pero se anuncia cualquier cosa. Para que haya algo de lo que cotorrear. 

Ni acciones grandes o buenas pero muchas anticipaciones: como nadar donde no cubre. Frases hechas, lugares comunes, sin vida superior. Ahora no se envidia ni el talento, ni la genialidad ni la excelencia. Solo el dinero, la fama y la posición.

Después de haber derribado todo, de haberlo revocado todo, se deja que todo se conserve, pero vacío de significado y de sentido. Se deja que todo subsista en una agonía sin fin. 

Como no poder pasar sin el otro y no poder estar juntos.

En lugar de relaciones hay mutua vigilancia. No vaya a ser que alguien se escape de la masa estéril y sea una persona única.

Todo se asemeja a un reloj que no hubiera perdido la capacidad de dar las horas, pero nunca las diera bien.

Queremos que el orden establecido subsista sabiendo que ya no subsiste.

No es el tirano, ni los servicios secretos ni las oligarquías eclesiástica o de cualquier otro tipo. Somos todos y cada uno de nosotros, libremente, los que hemos optado por este estado de cosas.

Terminaremos por venerar los excrementos de cualquier lama laico o eclesiástico.

Ya no se estimula, levanta o exalta. Ahora se asfixia, se impide: se nivela. El supremo igualitarismo de la nivelación global.

Nivelar: ocupación silenciosa, sorda, constante, sin llamar la atención. Un silencio de muerte.

Ahora lo que cada uno teme más que la muerte es su propia individualidad… religiosa.

La salvación solo puede venir de la religiosidad esencial del individuo singular.

El llamado público es el fantasma que produce la nivelación… con ayuda de la prensa.

El público: esa entidad abstracta y maligna. Mas numeroso que todo el pueblo junto. Un todo que engloba a todos y los aniquila. Algo monstruoso, abstracto y vacío. El más peligroso y el más insignificante. El verdadero nivelador.

Antes, el hombre excelente era lo que los demás no podían ser. Ahora, lo que nadie quiere ser.

Se piensa, en general, que lo que ocurre es para que tengamos algo de lo que hablar. Así, de esta forma, cada vez más individuos aspiran a no ser nada para formar parte del público.

La excelencia es sometida a la ruindad. Es el triunfo de los inseguros, los frívolos y los sensuales.

Es el triunfo de la nivelación más ínfima.

¿Cómo se sale de aquí?

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