martes, 14 de abril de 2026

APOTEGMAS DE LA RESURRECCIÓN

 Hay dos tipos de resurrección: R1: Lázaro vuelve a la vida. R2: Jesús vuelve, no retorna, a una vida nueva.

R1. Es con el mismo cuerpo. Todo el mundo puede ver a la persona resucitada. Es reconocible por cualquiera que lo haya conocido vivo.

R2. Un cuerpo glorioso. Solo se muestra en apariciones. Es el mismo, pero no lo mismo. Se mantiene la forma corporal, la voz, va vestido, se muestra el rostro, las manos y los pies. Puede tomar alimento.

Si Jesús hubiera tenido una R1 nada habría cambiado. Todo más o menos seguiría igual, y vuelta a empezar.

Las R1 son hechos históricos.

El sepulcro vacío es un hecho histórico porque habría sido perceptible para cualquier testigo de buena fe.

Con respecto a la R2 son históricos los testimonios de quiénes han visto al resucitado. No lo puede percibir cualquiera. El hecho en sí mismo ocurre en la historia.

Si la R2 no ha sucedido vana es nuestra fe. En caso contrario, vano y banal es -casi- todo lo demás.

Jesús puede hacer cuantas R1 quiera. El Padre es quien realiza la -y las- R2.

Jesús (R2) cuando se aparece se deja tocar y palpar. Prepara pescado a la brasa. Parte el pan. Habla con la misma voz. Va vestido. Camina. Se sienta a la mesa. Su aspecto es muy distinto porque les cuesta reconocerlo (anagnórisis). Su presencia es más imponente todavía que en la transfiguración.

Es pura Presencia.

No hace prodigios. Pero sus preocupaciones siguen siendo las mismas: servir, atender, acoger, sostener. No habla de sí mismo ni de su experiencia única e inconcebible. Los testigos no preguntan: se dejan querer.

Sigue siendo todo muy corpóreo. Es una apología de lo Corporal. No es nada místico. No es un espíritu.

Nadie, después de las apariciones consignadas en los evangelios, le ha vuelto a ver.

Vivimos en su Ausencia. El sepulcro vacío.

Pablo fue el último que le oyó, no lo vio.

R2 es solo comparable a la creación del mundo.  En griego: ἅπαξ” (hápax) hace referencia a algo irrepetible.

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