miércoles, 16 de octubre de 2013

Las condiciones del pájaro solitario y los 36 hombres justos

Al parecer, en cada generación, hay en toda la tierra 36 personas justas.
Diversos autores hacen referencia a este misterioso hecho. Por ejemplo, Joseph Roth (El anticristo). También, Hannah Arendt: "La misma convicción se expresa en la historia de los treinta y seis hombres justos, en consideración a los cuales Dios salva al mundo y quienes no son conocidos por nadie, y menos aún por sí mismos." (La condición humana, página 89 de la edición castellana, subrayado propio.)
Por su parte, el Padre Fray Juan de la Cruz, se refiere en diversos lugares al pájaro solitario. Para ser un pájaro solitario -según su doctrina- hay que cumplir cinco condiciones: primera, irse a lo más alto; segunda, no aceptar compañía ni siquiera de los que son de su misma naturaleza; tercera, no tener color definido; cuarta, cantar suavemente y quinta, poner el pico al aire.
A mi me parece que los 36 justos reúnen las cinco condiciones requeridas para ser un pájaro solitario. Ahora bien, se podría ser un auténtico pájaro solitario y no ser uno de los 36 justos que sostienen al mundo. Por ejemplo, en el último libro de José Corredor-Matheos (Sin ruido, septiembre de 2013) se puede leer: Cómo decirle al pájaro que el mundo no ha perdido su misterio, pero que él y yo tendremos que escondernos para seguir cantando.  A mi me parece que este poeta reúne algunas, si no todas, de las condiciones del pájaro solitario.
Creo conocer o haber conocido a algún pájaro solitario a lo largo de mi vida. Pero, ¿habré conocido -sin saber- a algún justo, que por ser tal, no puede ser reconocido, so pena de perder su verdadera naturaleza?
Sí. Sé seguro que he conocido a uno de ellos. Pero su misterio oculto me obliga a callar su nombre.

martes, 1 de octubre de 2013

T. S. Eliot y san Juan de la Cruz

Eliot (1888-1965) escribió (según traducción de José María Valverde, 1978):

¿Lo volveré a decir? Para llegar allí,
para llegar donde estás, para llegar desde donde no estás,
tienes que ir por un camino donde no hay
éxtasis.
Para llegar a lo que no sabes
tienes que ir por un camino que es el camino de la
ignorancia.
Para poseer lo que no posees
tienes que ir por el camino del desposeimiento.
Para llegar a lo que no eres
tienes que ir por el camino en que no eres.
Y lo que no sabes es lo único que sabes
y lo que posees es lo que no posees.
Y donde estás es donde no estás.

(East Coker)

El Padre Fray Juan de la + había escrito en la Subida al Monte Carmelo (Libro Primero, Capítulo 13):

Para venir a gustarlo todo,
no quieras tener gusto en nada;
para venir a poseerlo todo,
no quieras poseer algo en nada;
para venir a serlo todo,
no quieras ser algo en nada;
para venir a saberlo todo,
no quieras saber algo en nada;
para venir a lo que no gustas,
has de ir por donde no gustas;
para venir a lo que no sabes,
has de ir por donde no sabes;
para venir a lo que no posees,
has de ir por donde no posees;
para venir a lo que no eres,
has de ir por donde no eres.

MODO PARA NO IMPEDIR AL TODO

Cuando reparas en algo,
dejas de arrojarte al todo;
porque, para venir del todo al todo,
has de negarte del todo en todo;
y cuando lo vengas del todo a tener,
has de tenerlo sin nada querer;
porque, si quieres tener algo en todo,
no tienes puro en Dios tu tesoro.


sábado, 21 de septiembre de 2013

Poema de Hölderlin a su abuela



A MI VENERABLE ABUELA, EN SU 72º CUMPLEAÑOS

Querida abuela: tú has pasado por muchas cosas y ahora descansas dichosa. Y todos, familiares y extraños, pronuncian con amor tu nombre. También yo te venero bajo la plateada corona de la vejez, rodeada de niños que maduran, crecen y florecen. Por ser tan dulce has vivido tanto tiempo y la esperanza fue tu sostén amigo en el dolor. Porque eres apacible y devota, igual que la madre que antaño dio a luz al Hombre mejor, amigo de nuestra tierra. Lamentablemente ya nadie parece recordar el paso del Altísimo entre los pueblos y así casi por completo se ha olvidado lo que fue su vida. Pero algunos aún lo frecuentan, y a menudo, en medio de agitados tiempos, su celestial imagen disipa los nubarrones. Perdonando todo y en silencio, Él pasaba entre los mortales, Hombre sin par, animado por el espíritu divino. Nadie que viviera era un extraño a su alma y estrechaba contra su corazón dolorido todos los dolores de este mundo. Así acogió a la muerte, como amiga, por amor al prójimo. Y ascendió triunfalmente hasta su Padre, desde el dolor y los tormentos. También tú lo sabes, abuela mía, y sigues su ejemplo sublime en la fe, la paciencia y la dulce serenidad. ¡Mira! estas filiales palabras me han rejuvenecido y lágrimas brotan, como antes, de mis ojos. Y en mi fantasía veo días hace ya mucho terminados y mi corazón solitario se complace recordando la patria; allí estaba la casa donde crecí con tus bendiciones y donde, nutrido de ternuras, el niño floreció mejor. ¡Ah! He pensado que un día te haría feliz, cuando me veía en el futuro, activo en el vasto mundo. ¡Cuánto he probado y soñado desde entonces, y cuánto gasté mi corazón en el combate! Pero vosotros, todos los que amo, me curáis pronto. Y sabré vivir tan largos años como tú, abuela querida. Apacible y devota en la vejez. Voy hacia ti, bendice una vez más a tu nieto y así pueda el hombre cumplir la promesa del niño que fue. (Dass dir halte der Mann, was er, als Knabe, gelobt.)

Según traducción de Federico Gorbea (1977) para Ediciones 29.

Clara Corral matiza: "no sé si está bien traducida la última palabra "gelobt", porque "loben" significa alabar, encomiar, o sea, que sería más bien
"que mantenga (en tu beneficio, para ti) el hombre, lo que admiró/alabó de niño", es decir, que el niño admiraba, encomiaba algo, cosas, que se esperan que mantenga de adulto.


lunes, 9 de septiembre de 2013

Actividad y soledad

Numquam se plus agere quam nihil cum ageret, numquam minus solum esse quam cum solus esset. (Catón)
"Nunca está nadie más activo que cuando no hace nada, nunca está menos solo que cuando está consigo mismo."

No es necesario que salgas de la casa. Quédate a tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, sólo espera. Ni siquiera esperes, quédate en absoluto silencio y soledad. El mundo se te ofrecerá para que lo desenmascares, no puede evitarlo; arrobado, se retorcerá ante ti.
Franz Kafka
(Traducción de Claudia Cabrera)

No es necesario que salgas de casa. Quédate junto a tu mesa y escucha atentamente. No escuches siquiera, espera sólo. No esperes siquiera, quédate totalmente en silencio y solo. El mundo se te ofrecerá para que le quites la máscara, no tendrá más remedio, extático se retorcerá ante ti.
Franz Kafka
(Traducción Carmen Gauger.)

martes, 3 de septiembre de 2013

Desconfiar de las respuestas automáticas

Continuamente, nos enfrentamos a situaciones, problemas o dilemas en los que nuestro razonamiento se pone a prueba. No siempre la primera respuesta, solución o decisión que damos es la más adecuada. Algunas veces, la primera opción -aunque parezca evidente que es la mejor- no lo es. Debemos entrenarnos, de un modo incesante, para ser capaces de ir más allá de las apariencias y detener los automatismos que nos conducen a respuestas claramente erróneas. Pongo dos ejemplos, muy sencillos pero muy ilustrativos.

El problema de la ruleta rusa.
En el tambor de un revólver normal - de seis recámaras - se ponen dos balas contiguas. Se gira el tambor y se efectúa un disparo. La probabilidad de sobrevivir es de 4/6 (66.66%).
Lo que uno piensa -de un modo automático- es que con el segundo disparo la probabilidad de sobrevivir descienda a 3/5 (60%).
Sin embargo, no es así. La probabilidad, ahora, es de 3/4 (75%). La clave está en que las dos balas están situadas juntas.
Es una solución muy contraria a la intuición inmediata.
El problema de las tres puertas.
Hay tres cajas  A, B y C. Dentro de una de ellas hay un premio. Elijo una de ellas. Una vez hecha la elección, se me muestra otra caja que no contiene el premio. En ese momento, se me ofrecen dos opciones: (1) no cambiar mi elección inicial y (2) cambiarla. ¿Qué me interesa más?
La respuesta automática es que da igual.

Sin embargo, me interesa cambiar. Y ello porque 2/3 de las veces que cambie ganaré el premio. O dicho de otro modo, sólo 1/3 de las veces que no cambie obtendré el premio.

Ahora bien, si esto ocurre con ejemplos tan triviales o banales, qué no nos ocurrirá con los verdaderos problemas de la vida personal, familiar, social o política. Para ello debemos ejercitar no sólo el razonamiento sino también el pensamiento.

domingo, 1 de septiembre de 2013

En la estela de Hannah Arendt

Este verano he leído pocos libros pero los recomiendo muy vivamente.
Sobre la violencia (1969) y Sobre la revolución (1963), ambos de Hannah Arendt. En ellos la autora practica eso que ella misma denomina pensamiento: un silencioso diálogo de la mente consigo misma. Su pensamiento arroja mucha luz, ilumina muchas sombras, sobre los dos fenómenos que estudia: violencia y revolución. En los dos ensayos hay momentos memorables.
Precisamente por sugerencia de H. A. he leido Billy Budd, marinero (1891) de Herman Melville. H. A. hace un análisis de este relato -en el capítulo 2 de Sobre la revolución- portentoso. (Lo relaciona con "El Gran Inquisidor" de Dostoievski.) Según ella, H. M. muestra cómo "la bondad absoluta es casi tan peligrosa como el mal absoluto." Atención, porque este pensamiento es muy complejo y de una sutileza extrema.
De H. Söderberg he leido Doctor Glas (1905). Plantea -nada más y nada menos-  que la posibilidad del asesinato ético. El fondo de la novela es repugnante pero la maestría con la que está escrita causa estupor. La novela anuncia claramente el neopaganismo de la sociedad europea contemporánea. Es un reto leer este relato. Es un test para la conciencia de cada lector. ¿Con quién estamos con el Doctor o con la detestable víctima?
Todo lo contrario que los dos relatos de Alexandr Solzhenitsyn: La casa de Matriona e Incidente en la estación de Kochetovka. El primero, un prodigio de concisión, versa sobre la realidad misteriosa del bien y de la bondad en el lugar más insospechado. El segundo es una obra maestra sobre la banalidad del mal y sobre la cooperación necesaria de los mediocres y vulgares en el surgimiento del mal absoluto.
Por último, Paisajes de la metrópoli de la muerte, de Otto Dov Kulka (1933) es un testimonio de alguien que ha conocido en persona el mal radical. El libro es muy perturbador. Desasosiega y no deja vivir porque no permite olvidar el mal causado por los totalitarismos tan bien estudiados por Hannah Arendt.

(Saludos a todos los seguidores rusos y americanos -del norte y del sur- de Juicio propio.)

martes, 20 de agosto de 2013

Inseguridades, dudas, indefiniciones, pocas certezas...

A mi me afectan mucho los pequeños detalles. Y llevo observando, últimamente, algunos pequeños detalles que me conturban poderosamente.

Es el caso del médico que tiene que hacer la autopsia de un cadáver -fallecido en un terrible atentado- y comprueba, aterrorizado, que la mujer tenía todo sus órganos vitales invadidos por el cáncer.  Y no sabe si  decirles a la familia que, aunque no hubiera fallecido en el atentado, lo hubiera hecho -con terribles dolores- en muy poco tiempo. O si, por el contrario, ocultar la información. A mi me parece un dilema mortal y cuando me lo contó me estremecí.
O el caso del científico que está a punto de resolver un problema de una envergadura histórica, al que ha dedicado 30 o 40 años, pero le falta un pequeño detalle con el que él sólo no puede. Y sabe, positivamente, que en cuanto comunique sus decisivos y geniales pero insuficientes avances, tiburones al acecho en las redacciones de las mejores revistas científicas, se los robarán. Y le despojarán sin escrúpulos de su trabajo.
Y qué decir del abnegado sacerdote de una parroquia de uno de los arrabales de cualquiera periferia, que sabe que las experiencias sobrenaturales que la vidente comunica, son un fraude mayúsculo pero mucha gente la cree y al creerla se producen milagrosas curaciones, poderosas transformaciones...

Pero también en el campo de las ciencias experimentales, en este caso, de la química me entero de hechos sorprendentes: por ejemplo, he leído un estudio histórico sobre la tabla periódica de los elementos. El autor -enormemente versado en el tema- da a entender, que no hay una tabla óptima con la que todos los teóricos estén de acuerdo. Por el contrario, hay muchas posibles y diferentes tablas periódicas. Y, sobre  todo, no están de acuerdo en lo principal, a saber: si la tabla es un descubrimiento o si es una construcción de la mente humana. Parece ser que nunca habrá una tabla óptima y perfecta. (Hay detalles indecidibles.)
También he leído un artículo de física donde los autores muestran -matemáticamente- que tanto el modelo heliocéntrico cuanto el de Ticho Brahe predicen y explican igualmente bien el paralaje estelar. Ya sé que desde 1931 se conocen proposiciones formalmente indecidibles, pero en el campo de la lógica, de las matemáticas y de la metamatemática. ¿Nos estaremos acercando al conocimiento -y establecimiento- de proposiciones indecidibles en el campo de los hechos empíricos también? Sería un cambio como no lo ha conocido la historia del conocimiento hasta el momento.
Por no hablar de ese Nobel de economía francés -pero aficionado a la astronomía- que descubrió un efecto sobre el péndulo de Foucault durante un eclipse solar que todavía no ha podido ser explicado. Aquí el detalle está en que a un economista -que como tal alcanzará la gloria- se le ocurriera indagar en los efectos de los eclipses solares sobre los péndulos. ¿No es asombroso?

Por otra parte veo que la resistencia de la burocracia científica a la aceptación de hechos para los que no hay posible explicación está decayendo. Es el caso de las experiencias cercanas a la muerte. Ya me resultó casi milagroso que The Lancet aceptara publicar la investigación de van Lommel sin censuras previas. Pero es que ahora me entero de que la revista científica PNAS ha publicado un artículo sobre experiencias cercanas a la muerte, pero en ratas de laboratorio. (No lo he podido leer y sólo conozco el abstract.)  Eso supone que el establecimiento científico acepta el hecho repetidamente verificado de experiencias mentales en ausencia de actividad cerebral. Y eso es lo raro: la mente humana rechaza todo aquello que no puede asimilar, explicar o enmarcar. Por primera vez se estaría produciendo el fenómeno contrario: aceptar algo para lo que no se tiene una explicación. Lo considero un pequeño detalle de proporciones imprevisibles.

Todo ello se mezcla con experiencias personales y subjetivas. Volver a Mallorca, pongamos, después de más de 30 años y encontrar pequeños pero sutiles cambios en los lugares secretos, amorosamente custodiados en la memoria y que sólo comunicas a quien quieres. Un Puig, una cueva sagrada, un pequeño museo, una determinada cafetería en un determinado paseo, una cala prohibida para los turistas, una calle escondida, un santuario, un sendero de pinos o un determinad atardecer...

Otra cosa que me maravilla es que después de haberse publicado tantos libros sobre los campos de concentración y sobre el gulag toda siga igual.  Ya nadie puede alegar ignorancia. Me asombra el poco -o ningún- asombro que produce. Pero si ahí está concentrado todo el mal posible. Si eso es, precisamente, lo que hay que redimir. Sobre lo que hay que pensar y meditar para convertirlo en el centro vital de toda Política.

Y vuelvo a leer después de veintitantos años Las Confesiones de Agustín de Hipona y vuelvo a encontrarlas arrebatadoras. Es un estricto contemporáneo nuestro. Nos podríamos entender perfectamente con él. Bueno, si no todos, al menos, los que somos sensibles a los aspectos o los que consideramos que en los pequeños detalles está la salvación.

ACI