¿Fue absolutamente bueno el CVII? No.
¿Fue Pablo VI un ser luminoso,
claro y sin dobleces impensables? No.
¿Fue imperdonable la supresión de
la liturgia tradicional? Sí.
¿Si todo hubiera seguido tal como
estaba, sin ningún concilio, el catolicismo tendría ahora más fuerza, más
potencia, más belleza, más autenticidad… en el mundo entero? No.
¿Por qué?
Porque el Espíritu puede convertir
una artimaña taimada y hasta malintencionada en algo favorable para la vida sobrenatural.
Y eso es la apoteosis de la
paradoja.
En 1965 había en el mundo 600
millones de bautizados. Ahora hay 1500 millones. Se han multiplicado por 2.5,
nada menos. Aclaro que en la UE hay los mismos (225 millones) en 1965 y 2025.
Sin embargo, hay más o menos el
mismo número de sacerdotes en 1965 y 2025. Pero hay muchos menos religiosos y,
sobre todo, la mitad de religiosas: de 1 millón hemos pasado a medio millón.
¿Paradójicamente, sin ese desarmante
concilio ahora habría muchos más sacerdotes y religiosos y muchísimos menos
laicos? Probablemente.
Pues ese era el objetivo de Pablo
VI con el concilio: una Iglesia desclericalizada y llena de laicos.
¿Sabía lo que hacía?
Se le comparaba con Hamlet. ¿Pero,
y si fue en realidad un Maquiavelo?
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