Los endemoniados. F. Dostoievski.
Cartas del diablo a su sobrino. C. S. Lewis.
El maestro y Margarita. M. Bulgakov.
De la importancia del demonio y de otras cosas sin importancia. José Bergamín.
El diablo probablemente. Robert Bresson.
Anda suelto Satanás. Luis Eduardo Aute.
Los artistas son los más lúcidos al respecto. Efectivamente, estamos en el apogeo de Satanás.
sábado, 25 de agosto de 2018
lunes, 25 de junio de 2018
Estamos solos en el universo observable
Anders Sandberg, Eric Drexler and Toby Ord: Dissolving the Fermi Paradox.
arXiv:1806.02404v1 [phisics.pop-ph] 6 Jun 2018
arXiv:1806.02404v1 [phisics.pop-ph] 6 Jun 2018
La
paradoja de Fermi surge si combinamos una, a
priori, alta y extremadamente segura probabilidad de civilizaciones en
nuestra galaxia con la ausencia de evidencia de su existencia. Esta paradoja es
el resultado de aplicar un modelo tipo Drake usando determinadas estimaciones para
los parámetros involucrados en la ecuación. Estas estimaciones, sin embargo, implícitamente
hacen afirmaciones sobre los procesos (especialmente aquellos relacionados con
el origen de la vida) que son insostenibles dado el estado actual de nuestro
conocimiento. Cuando tomamos en cuenta de un modo realista la incertidumbre, reemplazando
las estimaciones teóricas por distribuciones de probabilidad que reflejan la
comprensión científica actual, no encontramos razón para confiar en que la
galaxia (o el universo observable) contenga otras civilizaciones, y, por lo
tanto, ya no encontramos nuestras observaciones en conflicto con nuestras
probabilidades previas. Hemos encontrado resultados cualitativamente similares
a través de dos métodos diferentes: utilizar las evaluaciones de los autores
del conocimiento científico actual sobre los parámetros clave, y usar las
estimaciones divergentes de estos parámetros en la literatura de astrobiología
como un indicador de la incertidumbre científica actual. Cuando actualizamos
estos datos encontramos una probabilidad sustancial de que estamos solos en
nuestra galaxia, y tal vez incluso en nuestro universo observable (53% -99.6% y
39% -85% respectivamente). "¿Dónde están?", Probablemente muy lejos,
y muy posiblemente más allá del horizonte cosmológico y siempre inalcanzable.
jueves, 7 de junio de 2018
Testimonio romano sobre el cristianismo. Año 115
Tácito, Anales XV, 44. Hacia el año 115.
«Pero
ni con los medios humanos, ni con la generosidad del emperador o el
aplacamiento de los dioses desaparecía la mala fama por la cual se creía que el
incendio había sido provocado. Por ello, para acabar con el rumor, Nerón
presentó como reos y sometió a refinados castigos a quienes, odiados por culpa
de sus inmoralidades, la gente llamaba ‘cristianos’. El
fundador de la secta, Cristo, había sido castigado con la muerte durante el
reinado de Tiberio por el procurador Poncio Pilato, y la fatal superstición,
momentáneamente reprimida, irrumpía de nuevo, no sólo en Judea, origen del mal,
sino también en Roma, donde confluye y se celebra todo lo horrible y
vergonzoso, provenga de donde provenga. De modo que, primero, fueron
detenidos quienes confesaban; luego, gracias a su denuncia, una gran multitud
fue declarada, junto a los primeros, convicta y confesa, no tanto bajo la
acusación de incendio como por odio al género humano. A la hora de su muerte se
recurrió además a burlas, de tal manera que, cubiertos con pieles de alimañas,
perecían desgarrados por los perros, o bien, clavados a una cruz y, tras
prendérseles fuego, eran quemados para ser usados como antorchas de noche
cuando se iba el día. Nerón había ofrecido su jardín para este espectáculo, y
celebraba unos juegos de circo mezclado con la plebe en traje de auriga o
montado en un carro. De ahí que, aunque contra culpables y merecedores de la
última pena, naciese la compasión, pues a todas luces no eran sacrificados en
nombre de la utilidad pública sino por el sadismo de uno solo.»
Testimonio judío sobre Jesucristo en torno al año 95
Se llama Testimonio Flaviano a un pasaje de las
Antigüedades de los judíos de Flavio
Josefo (XVIII 2,2 = 63-64) en el que este historiador que escribe su obra hacia
el 95 d. C. habla de Jesús. El texto, muy breve, es el siguiente:
Por este tiempo apareció Jesús, un hombre sabio (si es que es correcto llamarlo hombre, ya que fue un hacedor de milagros impactantes, un maestro para los hombres que reciben la verdad con gozo), y atrajo hacia él a muchos judíos (y a muchos gentiles además. Era el mesías). Y cuando Pilato, frente a la denuncia de aquellos que son los principales entre nosotros, lo había condenado a la cruz, aquellos que lo habían amado primero no le abandonaron (ya que se les apareció vivo nuevamente al tercer día, habiendo predicho esto y otras tantas maravillas sobre él los santos profetas). La tribu de los cristianos, llamados así por él, no ha cesado de crecer hasta este día.
Por este tiempo apareció Jesús, un hombre sabio (si es que es correcto llamarlo hombre, ya que fue un hacedor de milagros impactantes, un maestro para los hombres que reciben la verdad con gozo), y atrajo hacia él a muchos judíos (y a muchos gentiles además. Era el mesías). Y cuando Pilato, frente a la denuncia de aquellos que son los principales entre nosotros, lo había condenado a la cruz, aquellos que lo habían amado primero no le abandonaron (ya que se les apareció vivo nuevamente al tercer día, habiendo predicho esto y otras tantas maravillas sobre él los santos profetas). La tribu de los cristianos, llamados así por él, no ha cesado de crecer hasta este día.
Antonio Piñero
miércoles, 6 de junio de 2018
Plinio y Trajano sobre los cristianos. Año 111
GAYO PLINIO SALUDA AL EMPERADOR
TRAJANO (111-112)
1.
Es costumbre para mí, mi señor, consultarte acerca de todas las cosas sobre las
que dudo. ¿Quién, en efecto, puede guiar mejor mi irresolución o instruirme en
lo que no sé? Jamás he participado en los procesos contra los cristianos: por
ello, desconozco qué suele castigarse o perseguirse y hasta qué punto. 2. Y no
he dudado poco si acaso se hace alguna distinción de edad o, por tiernos que
sean, en nada difieren de los más robustos; si hay perdón para el
arrepentimiento, o si el que fue completamente cristiano no obtiene alguna
ventaja al haber dejado de serlo. Si se castiga el mero hecho de llamarse
cristiano, en caso de que no se hayan cometido delitos, o si se castigan los delitos
asociados a tal nombre.
Entretanto,
esta es la norma que he seguido para con aquellos que hasta mí han sido traídos
como cristianos. 3. A ellos mismos les pregunté si eran o no cristianos. A
quienes confesaron que sí les pregunté una segunda y una tercera vez, con la
amenaza de suplicio; ordené que se ejecutara a los que perseveraban. Yo no
dudaba, en efecto, de que, al margen de lo que confesaran, debía castigarse la
pertinacia y la obstinación cerrada. 4. Hubo otros de similar desvarío a los
que apunté para que fueran enviados a Roma, ya que eran ciudadanos romanos.
Poco después, como suele ocurrir, al extenderse la acusación por causa del
mismo proceso, se dieron situaciones variadas.
5.
Se hizo público un libro anónimo que contenía los nombres de muchas personas.
Quienes negaban que eran cristianos o que lo hubieran sido, una vez que por
medio de una fórmula mía imploraron a los dioses y suplicaron con incienso y
vino a una imagen tuya que había ordenado colocar para este cometido, junto a
unas figuras de los dioses, y una vez que, además,
blasfemaron contra Cristo, cosas que dicen que no pueden ser obligados a hacer
quienes en verdad son cristianos, consideré que podía dejarlos libres.
6.
Otros, nombrados por un delator, declararon que eran cristianos y poco después
lo negaron; dijeron que lo habían sido ciertamente, pero que habían dejado de
serlo, algunos hacía ya tres años, otros ya muchos años antes, alguno incluso
veinte. Asimismo, todos ellos adoraron una imagen tuya
y las figuras de los dioses y, además, blasfemaron contra Cristo.
7.
Aseguraban, asimismo, que toda su culpa o su error no había sido más, según
ellos, que haber tenido por costumbre reunirse un día
señalado antes del amanecer, cantar entre ellos, de manera alterna, en alabanza
a Cristo como si fuera un dios, y comprometerse mediante juramento no a
delinquir, sino a no robar, ni cometer pillajes ni adulterios, a no faltar a su
palabra ni negarse a devolver un depósito cuando se les reclamara.
También decían que, una vez realizados estos ritos, tenían por costumbre
separarse y reunirse de nuevo para tomar el alimento, totalmente corriente e
inocuo, pero que dejaron de hacerlo tras mi edicto, por el cual, según tus
mandatos, había prohibido que hubiera asociaciones. 8. Así pues, creí aún más
necesario inquirir también, mediante el tormento de dos esclavas que eran
llamadas “ministras”, qué había de verdad. No encontré
ninguna otra cosa más que una superstición depravada y desmesurada.
9.
Por ello, aplazada la indagación, me he apresurado a consultarte. A mí me
parece que se trata de una cuestión digna de consulta, sobre todo a causa del
número de personas que corren peligro (de ser juzgadas). Hay mucha gente, en
efecto, de todas las edades, de todas las condiciones y de ambos sexos incluso
que son llamados a juicio y seguirán siendo llamados. Y el contagio de esta
superstición no se ha extendido tan sólo por las ciudades, sino también por las
aldeas y los campos; aún así, parece que puede detenerse y corregirse. 10. Sin
embargo, hay suficiente constancia de que los templos, casi ya abandonados, han
comenzado a frecuentarse, y que se vuelven a celebrar los sacrificios rituales,
hace tiempo interrumpidos, y que se vende por todas partes la carne de las
víctimas, para la que hasta ahora no se encontraban sino escasísimos
compradores. De esto es fácil deducir qué cantidad de personas podría
enmendarse si hubiera lugar para el arrepentimiento.
TRAJANO SALUDA A PLINIO
1.
Has seguido el procedimiento que debías, mi querido Segundo, en el examen de
las causas de los que ante ti han sido denunciados como cristianos. Y no es
posible, en efecto, establecer para todos una norma general, como si ésta
tuviera una aplicación determinada. No hay que perseguirlos; si se los denuncia
y acusa, hay que castigarlos, pero quien haya negado
ser cristiano y lo haya demostrado realmente, es decir, mediante la súplica a
nuestros dioses, aunque hubiera sido sospechoso en el pasado, que obtenga el
perdón por su arrepentimiento. 2. Sin embargo, los libros anónimos que
circulan no deben tener cabida en acusación alguna, pues esto sirve de pésimo
ejemplo y no es propio de nuestro tiempo.
Una información histórica sobre los cristianos en torno a 167
Un
fragmento de LA
MUERTE DE PEREGRINO de Luciano (165-85).
11:
«Fue entonces, precisamente, cuando conoció la admirable doctrina de los cristianos,
en ocasión de tratarse, en Palestina, con sus sacerdotes, y escribas. Y ¿qué os
creéis? En poco tiempo les descubrió que todos ellos eran unos niños inocentes,
y que él, sólo él, era el profeta, el sumo sacerdote, el jefe de sinagoga, todo
en suma. Algunos libros sagrados él los anotaba y explicaba; otros los redactó
él mismo. En una palabra, que lo tenían por un ser divino, se servían de él
como legislador y le dirigían cartas como a su jefe. Todavía siguen adorando a
aquel gran hombre que fue crucificado en Palestina por haber introducido entre
los hombres esta nueva religión».
12:
«Prendido por esta razón, Proteo fue a dar con sus huesos en la cárcel, cosa
que le granjeó mayor aureola aún para las otras etapas de su vida y con vistas
a la fama de milagrero que tanto anhelaba. Pues bien; tan pronto como estuvo
preso, los cristianos, considerándolo una desgracia, movieron cielo y tierra
por conseguir su libertad. Al fin, como esto era imposible, se procuró al menos
proporcionarle cuidados y no precisamente al buen tuntún, sino con todo el
interés del mundo. Y ya desde el alba podía verse a las puertas de la cárcel
una verdadera multitud de ancianos, viudas y huérfanos e incluso los jerarcas
de su secta dormían con él en la prisión, previo soborno de los guardianes.
Luego eran introducidos toda clase de manjares, se pronunciaban discursos
sagrados y el excelente Peregrino —pues todavía llevaba este nombre—era
calificado por ellos de nuevo Sócrates».
13:
«Es más: incluso desde ciertas ciudades de Asia llegaron enviados de las
comunidades cristianas para socorrer, defender y consolar a nuestro hombre.
Porque es increíble la rapidez que muestran tan pronto se divulga un hecho de
este tipo. Y es que—para decirlo con pocas palabras—, no tiene bienes propios.
Y ya tienes que va a parar a los bolsillos de Peregrino —procedente de manos de
esas gentes— una gran suma de dinero en razón de su condena; con ello le
ayudaron, y no poco, monetariamente. Y es que los infelices creen a pie
juntillas que serán inmortales y que vivirán eternamente, por lo que desprecian
la muerte e incluso muchos de ellos se entregan gozosos a ella. Además su
fundador les convenció de que todos eran hermanos. Y así, desde el primer momento
en que incurren en este delito reniegan de los dioses griegos y adoran en
cambio a aquel filósofo crucificado y viven según sus preceptos. Por eso
desprecian los bienes, que consideran de la comunidad, si bien han aceptado
estos principios sin una completa certidumbre, pues si se les presenta un mago
cualquiera, un hechicero, un hombre que sepa aprovecharse de las circunstancias,
se enriquece en poco tiempo, dejando burlados a esos hombres tan sencillos»,
16:
«Salió, pues, por segunda vez de su ciudad natal, dispuesto a recorrer mundo,
con los cristianos como único sostén, gracias a cuya protección lo pasaba a lo
grande. Y así vivió durante un tiempo. Más tarde, empero, y por haber cometido
alguna falta contra ellos —se le vio, según creo, tomar alimentos prohibidos— hallose
desamparado, falto de su protección y entonces pensó que no tenía más remedio
que retractarse y reclamar los bienes a su ciudad; y, efectivamente, presentó
un memorándum y exigió la entrega de los bienes por orden del emperador. Mas la
ciudad envió a su vez también una embajada y aquél nada consiguió al fin, sino
que se declaró que se atuviera a su primera decisión, ya que nadie le había
obligado a ello».
martes, 1 de mayo de 2018
La hora del reaccionario
Los reaccionarios les procuramos a los bobos el placer de sentirse atrevidos pensadores de vanguardia.
El talante político trasciende las categorías sociales: hay reaccionarios en harapos e izquierdistas coronados.
Lo que hay de reaccionario en el Essay on Liberty de Mill es lo que le impide marchitarse.
El reaccionario no es un pensador excéntrico, sino un pensador insobornable.
La raíz del pensamiento reaccionario no es la desconfianza en la razón, sino la desconfianza en la voluntad.
No calumniar el poder, pero desconfiar de él profundamente, es lo característico del reaccionario.
La objeción del reaccionario no se discute, se desdeña.
A la tentación de estar de moda sólo escapa el reaccionario.
Esencialmente, la democracia es relativismo axiológico; la reacción, objetivismo axiológico.
El ideal reaccionario no es una sociedad paradisíaca. Es una sociedad semejante a la (...) que existió (...) antes de la catástrofe demográfica, industrial y democrática.
El reaccionario no es consejero de lo posible, sino confesor de lo necesario,
Ser reaccionario es haber comprendido que a una verdad no se debe renunciar simplemente porque no tiene posibilidades de triunfar.
Ser reaccionario es haber comprendido que no se puede demostrar, ni convencer, sino invitar.
Nicolás Gómez Dávila: Sucesivos escolios a un texto implícito.
El talante político trasciende las categorías sociales: hay reaccionarios en harapos e izquierdistas coronados.
Lo que hay de reaccionario en el Essay on Liberty de Mill es lo que le impide marchitarse.
El reaccionario no es un pensador excéntrico, sino un pensador insobornable.
La raíz del pensamiento reaccionario no es la desconfianza en la razón, sino la desconfianza en la voluntad.
No calumniar el poder, pero desconfiar de él profundamente, es lo característico del reaccionario.
La objeción del reaccionario no se discute, se desdeña.
A la tentación de estar de moda sólo escapa el reaccionario.
Esencialmente, la democracia es relativismo axiológico; la reacción, objetivismo axiológico.
El ideal reaccionario no es una sociedad paradisíaca. Es una sociedad semejante a la (...) que existió (...) antes de la catástrofe demográfica, industrial y democrática.
El reaccionario no es consejero de lo posible, sino confesor de lo necesario,
Ser reaccionario es haber comprendido que a una verdad no se debe renunciar simplemente porque no tiene posibilidades de triunfar.
Ser reaccionario es haber comprendido que no se puede demostrar, ni convencer, sino invitar.
Nicolás Gómez Dávila: Sucesivos escolios a un texto implícito.
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