El alma pertenece a lo místico.
Lo místico es lo que se muestra pero no se nombra.
El alma es simple. No puede ser compuesta.
Sin alma no hay conciencia pero no es la conciencia.
(La conciencia es un infinito actual pero su cardinalidad nos es desconocida. Es un asunto indecidible. El alma, por su parte, es indecible.)
Gracias al alma, en todos los ámbitos hay sorpresas. Es una fuente continua de sorpresas.
El alma es pura, no sufre la caída aunque la padece por su solidaridad con el cuerpo-cerebro-mente.
La caída fue obra del, y afecta al, cuerpo-cerebro-mente.
El alma ama su cuerpo y quiere reunirse con él en un nuevo cuerpo transfigurado o redimido de la caída original.
Simplex sigilum veri. (La sencillez es el sello de la verdad.) Un alma compuesta ya no sería un alma (5.5421)
No puede haber pensamiento sin alma.
El alma no está limitada.
Los presentimientos son inspiraciones del alma.
Natura non facit saltus. El alma al ser espítu puro si puede.
El alma no se rige ni por el principio de razón suficiente, ni por el de continuidad de la naturalez ni por el del mínimo esfurzo.
Es inmortal.
No sabemos cómo ni qué es sino que es.
Es inexpresable pero se muestra. Nunca se nombra.
Mi impulso hacia ella es el impulso de ella hacia mí.
No debemos guardar silencio sobre el alma porque (o aunque) sea -no ya difícil sino- imposible hablar de ella.
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