El alma propia es constante y paciente y nos continúa amando aunque la olvidemos o despreciemos.
Pues ya solo en amar es su ejercicio (Cántico espiritual).
Ahora es su momento más doloroso: los que deciden sobre lo importante -en su necedad- la consideran una fantasía o un mera ilusión.
El alma no distingue entre fuera y dentro.
Solo quién habla con su alma puede llegar a conocerse.
La existencia del alma no es demostrable.
Gracias al alma mientras existimos aquí también vivimos allí aunque no lo sepamos hasta el momento de la muerte.
El alma nos orienta aunque nadie nos enseña (o enseñe) a escuchar su susurro.
Nos guía y protege.
Lo peor de esta época es el habernos enajenado de nuesta propia y única alma.
Puedes olvidarla, cubrirla o ignorarla pero nunca podrás deshacerte de ella.
El alma es insondable y desafía cualquier definición. Nunca aparece como tal, sino que siempre lo hace como otra cosa, como alguna imagen de sí misma. Incluso la palabra ¨alma¨ es una de sus imágenes (Patrick Harpur (2010/2020, traducción de Isabel Margelí.)
Es omnipresente.
Está completa desde el comienzo. No sufre desarrollo.
La rosa florece porque florece. Es el símbolo primordial del alma.
Una esfera infinita cuyo centro está en todas partes y su circunferencia o está en ninguna.
Lo más dificil de comprender: ¡está má allá del principio de no contradicción!
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