miércoles, 29 de julio de 2026

Tractatus de Anima (III)

Hay una tradición secreta del alma. Sus principios permanecen inamovibles desde hace miles de años.

Erasmo (1519): hay quienes piensan que el alma muere con el cuerpo: grandes necios que creen cualquier cosa.

Los que pertenecemos a esta tradición secreta creemos unánimemente que el alma puede separarse del cuerpo.

El dogma de la inmortalidad del alma se declaró en 1513 (Concilio de Letrán.)

Beatriz es la imagen del alma de Dante; y el viaje de Dante es la búsqueda de su propia alma. (Patrick Harpur.)

Si el alma no es metáfora, el daimon, por su parte, sí puede ser una metáfora del alma.

El alma no ocupa espacio porque no es espacial. Y no está localizada en ningún sitio. Es el cuerpo el que está en el alma.

Cuando comprendemos todo esto, entonces sabemos que somos todo alma.

El alma, a diferencia de la mente, no habla de sí misma. Por eso decimos que se muestra pero no se nombra.

El alma como tal está fuera del tiempo.

El Tao del alma: Si nadie me pregunta qué es, lo sé; si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé.

No podemos salirnos del alma para estudiarla.

El alma está encarnada en la materia.

Plotino cree que la belleza es el primer atributo del alma.

La actividad primordial del alma es amar.

El viaje hacia la propia alma puede ser: ascendente, descendente o hacia dentro y de vuelta al origen.

El alma desea volver al Edén.

El alma de las personas excepcionales obliga a los niños -en su niñez- a desafiar la autoridad y la disciplina de la escuela. Esos guías ciegos les imponen clases de refuerzo o los etiquetan con los trastornos de moda. Nuestra tarea es ver su alma y obedecerla, cosa facilísima porque refulge en todo su ser. Esos niños no están extraviados. Su alma les guía más allá de la rutina, las convenciones, los lugares comunes, lo corriente y lo irrelevante.

Ya estamos completos desde el principio. 

El alma adopta medidas desesperadas o impactantes para anunciarse a quien la niega.

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