miércoles, 4 de febrero de 2026

Enseñanzas privadas de uno de los 36 maestros que sostienen el mundo

No hay que contemplar lo que no nos está destinado.

Nuestra tarea en el mundo es luchar para elevarnos y poder acceder así al ámbito de la divinidad.

Todos anhelamos realizar algo perfecto en el mundo. Es posible conseguirlo si comprendes cuál es tu cometido único y propio.

La razón consta de 50 puertas. Hay que ir atravesándolas de una en una. Pero Moisés se quedó en la 49.

Yo me escondo, pero nadie viene a buscarme. (Atribuido al Padre.)

Cuando el hombre piadoso se convirtió en famoso pidió que se le revelara cuál había sido su pecado.

No es cosa buena ser famoso.

De las niñas se aprenden tres cosas: están contentas sin ningún motivo especial; no están ociosas ni por un instante y cuando necesitan algo lo exigen vigorosamente.

El universo no deja de hablar en ningún momento en nuestra mente.

Hubo quien había purificado y unificado de tal manera su espíritu que cuerpo y espíritu eran indistinguibles.

No es mi costumbre entrar en ninguna casa donde no hay huéspedes, invitados o forasteros. (Dicho atribuido a Abraham.)

No hay nadie que no sea instruido constantemente por su alma. El alma enseña incesantemente pero jamás se repite.

Hay que estar dispuesto a vivir como si cada uno fuera el único hombre. (Atribuido a Adán.)

Una plegaria que no sea dicha en nombre de todos no es una plegaria en absoluto. (Atribuido a Noé.)

Cuando alguien viene a pedirme consejo, lo oigo a él mismo responder a su pregunta. (Maestro jasídico.)

Si lo que persigues no lo logras, déjalo crecer lentamente, a su manera.

Aun el más vulgar, carnal y mundano de los hombres reconoce la verdad cuando la oye.

Sabio es el que aprende de todos los hombres.

Nunca necesito nada hasta que lo tengo.

 

 

 

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