Un esquema del plan de salvación.
Época del pueblo elegido.
Solo hay un modo de amar a Dios de forma pura: Israel. La Ley. La sinagoga.
Época católica.
Jesús nos muestra que se puede amar a Dios sin necesidad de ser judío: siendo discípulo suyo. Nace así la iglesia católica.
Época de la cristiandad.
Siglos después, la Reforma muestra que se puede ser discípulo de Cristo sin pertenecer a la iglesia católica. Nace así la cristiandad.
Época de la humanidad.
En el siglo XIX, SK nos muestra que se puede ser discípulo de Cristo sin pertenecer a la cristiandad. Nace así la humanidad cristiana, no como mera admiradora de Cristo sino como cuerpo místico de Cristo.
Nada prescribe, nada caduca: la sinagoga es santa, la iglesia católica es santa, la cristiandad es santa. La humanidad será santa.
Cuando una institución elegida entra en crisis debe aparecer algo nuevo -no para sustituir o reemplazar o superar lo que hay- para que el plan salvador no decaiga pues el espíritu no descansa.
Una vez que lo nuevo emerge como salvación, lo anterior sigue vigente y sigue actuando y debe seguir su camino, aunque -a pesar de sus intentos por regenerarse- no pueda competir en frescura con lo nuevo.
En todas las transiciones se potencia, aclara e ilumina la figura del Salvador.
En este desarrollo subyace una lógica inexplicable.
Ni es una lógica dialéctica ni hegeliana. Es una lógica emergente, no racional. Tampoco hay que intentar desentrañarla o entenderla.
Dios siempre es nuevo.
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