No hay que explicar la ocurrencia de hechos comunes, lo que hay que explicar es por qué acaecen hechos inesperados o imprevistos.
Cómo es que un Congreso laico y
no católico, a veces anticatólico, pero nunca cristiano aplaude -más allá de
los usos de la cortesía diplomática- un discurso papal explícitamente
hispanocatólico. Aquí -en los aplausos- hay que incluir a la Eta, a los masones
y a todo los antiespañoles.
Esto hay que explicarlo. Y nadie
sabe, quiere o puede hacerlo.
Yo tampoco.
No habría que explicar, en cambio,
ni la ausencia en el hemiciclo de los separatistas gallegos ni la de los
podemitas: los únicos que al no asistir no pudieron ni aplaudir ni no aplaudir.
Va en su ideología de cartón piedra despreciar todo consenso que no sea el suyo
propio.
Pues bien, eso mismo es lo que habría
cabido esperar de los asistentes socialistas, comunistas, separatistas, etarras
y de la mitad o más de los populares.
Qué está ocurriendo aquí.
¿Quién, y cómo, ha conseguido
este extraño consenso? A todas luces falso, impostado y fraudulento.
Además, todos los días de la
visita papal han estado marcados por este mismo inexplicable consenso
respetuoso hacia lo hispanocatólico.
Hay que tener en cuenta que en la
política española todo es teatro. Todo está teatralizado o guionizado. Por eso,
no se deja a la improvisación ni el más mínimo aplauso, ni la más nimia pose,
gesto o palabra. En realidad, todo se decide entre bastidores.
Todo falso, todo mentira. Todo
montaje. En el mejor de los casos representación.
¿Quién ha escrito el guion de la
visita papal y por qué? ¿O para qué? ¿A cambio de qué?
No sabemos quién manda en España.
Desde luego no los que se dicen -y no son- representantes del pueblo. Ni los
llamados otrora poderes fácticos.
¿El beneficiado de esta puesta en
escena ha sido el propio régimen o el sistema de partidos corruptos? ¿Lo ha
sido la casa de Borbón? ¿Lo ha sido el propio Vaticano?
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