miércoles, 9 de septiembre de 2026

La destrucción de la civilización europea

Toda civilización (clásica o bárbara) se funda en unos principios que no son limitaciones suyas meramente coyunturales sino radicalmente constitutivas de su esencia: 

Esclavitud. 

Aborto e infanticidio, cometidos con más saña si se trata de niñas. 

Servidumbre y sometimiento cruel de la mujer al varón. 

El Catolicismo ha sido la única civilización capaz de abrogar estos principios de una forma radical. 

Al partir de la dignidad absoluta de todo individuo humano, independientemente de su sexo o de su nivel social, inauguró el Reino de los cielos sobre la tierra. 

¿Cómo lo hizo? Su Principio fundante conllevó al cabo de los años: 

La abolición de toda forma de esclavitud. 

La abolición de la poligamia y la consiguiente instauración de la monogamia, única forma real de elevar a la mujer a la condición de libre y no sierva de un varón o varios. 

La consideración del aborto y del infanticidio como monstruosidades inaceptables. 

Hay que tener en cuenta que tanto Platón como Aristóteles aceptaban de buen grado tanto la esclavitud como el infanticidio. No así Sócrates.  

Esta civilización se fundó en Europa sobre las ruinas del cruel imperio romano y de la ferocidad de sus sustitutos los bárbaros. 

Bajo su influjo, Europa estaba destinada a ser un pueblo de hermanos. 

Una civilización tolerante con la Verdad e intolerante con el error y el vicio. El catolicismo fue más sabio que todas las doctrinas filosóficas anteriores.  

No es lo mismo Principio que Causa: el catolicismo es el Principio de esta civilización inimaginable hace 2 milenios. 

¿Qué pasó hace 500 años?  

Nació el protestantismo y el destino feliz de Europa quedó truncado. En lugar de convertirse en un pueblo de hermanos se convirtió en un infierno de guerras y revoluciones destructivas. 

Los reformadores que eran hombres pequeños lo eran mucho más de lo que ellos pensaban. Trastocaron y desfiguraron todo el orden católico. 

¿Y ahora qué hay al cabo de los siglos? 

Tolerancia con el error y el vicio e intolerancia con la Verdad. 

Han vuelto: la poligamia, disfrazada de divorcio (poligamia diacrónica); el aborto y el infanticidio; nuevas servidumbres para la mujer: vientres de alquiler, conversión de varones en falsas mujeres, obligación de vestirse como quiera el varón mediante la infiltración mahometana en las propias instituciones europeas... 

El protestantismo principia como cristianismo reformado, continúa como deísmo, sigue como ateísmo y culmina en indiferentismo religioso. 

Sustituida la verdad por ese ridículo orgullo de la ciencia, esa estúpida divinización del pensamiento: puro protestantismo. 

La verdad es invariable porque es una. El error es múltiple y variado. 

Lo que trajo el protestantismo si era bueno no era nuevo y si era nuevo no era bueno. 

Ahora la filantropía oenegética  es una caridad cristiana falsa. Cosas como el ingreso vital mínimo es beneficiencia cristina con traje mundano. Y así casi todo: muchas hijas e hijos del catolicismo se disfrazan de secularismo. 

Nada queda bueno en Europa que no provenga de los principios católicos. Todo lo malo, pérfido y protervo proviene de la falsa reforma de hace 500 años. 

El vicio se presenta ahora con apariencia de virtud. 

Ahora bien, ¿puede una civilización permanecer eternamente en un orden opuesto a los principios sobre los que fue fundada? ¿Es vano querer extirpar definitivamente el catolicismo de los europeos?  

Solo la unidad de pensamiento religioso puede hacer de Europa un solo pueblo. 

El catolicismo es afirmativo. El protestantismo, en cambio, es negación. Vive de negar. No construye nada. Solo destruye. 


  


 

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