martes, 18 de febrero de 2014

Los pilares de la mente contemporánea

Veo cuatro pilares sobre los que está construida la mente contemporánea, que han venido a sustituir a los pilares sobre los que se sustentaba la cosmovisión previa: heliocentrismo (frente a geocentrismo), evolucionismo mediante selección natural (frente a creacionismo), marxismo (frente a liberalismo) y psicoanálisis (frente a algo no claramente determinado).
El heliocentrismo y el darwinismo conservan el título de teorías científicas. Tanto el marxismo como el psicoanálisis lo han perdido. Sin embargo, a pesar de ello, y a que se presentaban como auténticas teorías científicas, conservan todo el crédito sociocultural y toda su influencia sobre la mente contemporánea.
El heliocentrismo es una teoría científica porque puede someterse a contrastación experimental. Sin embargo, el darwinismo es, en palabras de K. Popper, un programa metafísico porque no es falsable. Es decir, no puede someterse a ningún control experimental digno de tal nombre. Ni tampoco puede hacer predicciones.
Tanto el heliocentrismo como el darwinismo se sirven de un fraude lógico para mantener su supremacía científica, social y política.
En su caso, el darwinismo da por supuesto que su única alternativa es el Génesis. De ese modo se hace invulnerable a la crítica. Pero, la alternativa al darwinismo no es el Génesis sino una auténtica teoría científica contrastable y falsable. Y con capacidad de predicción. Conviene saber que Santiago Ramón y Cajal, Karl Popper y Kurt Gödel, por citar sólo a tres insignes pensadores, no consideraban a esa pseudoteoría  un “dogma de fe”. Por el contrario, la consideran excesivamente pretenciosa y jactanciosa.
El heliocentrismo utiliza el mismo “truco”. En su caso, se presenta como la única alternativa al sistema tolomeico, cuando, en realidad, tiene otro competidor que es el sistema de Ticho Brahe. Por otra parte, Barnett en El universo y el doctor Einstein, con prólogo del propio Einstein, dice que no hay ninguna prueba directa del movimiento de la tierra. O sea, que podría ser que la conjetura heliocéntrica frente a la geocéntrica fuera un asunto indecidible. Además, el heliocentrismo tiene como referente más que a Copérnico, a Galileo. Y este caso pesa mucho sobre la mente moderna. Por ejemplo, Ratzinger ha confesado que el caso Galileo pesó mucho en la convocatoria del Concilio Vaticano II. Y sigue pesando y mucho en su aplicación.
Recapitulando: de los cuatro pilares de la mente moderna sólo uno es una teoría científica. Los otros tres son, en el mejor de los casos, metafísica, filosofía, opinión, creencia, ideología, perspectiva cultural… y, en el peor, meras pseudoteorías.
Me parece que el heliocentrismo se sostiene a sí mismo negando toda evidencia que le ponga en cuestión, haciendo trampas lógicas, además, y es, en definitiva, el que carga con todo el peso del edificio mental moderno y contemporáneo.
Yo no tengo, desgraciadamente, conocimientos suficientes ni de física, matemáticas, biología, economía… Pero os sugiero un “experimento mental”. ¿Qué pasaría si de pronto, los cosmólogos, llegaran a la conclusión, a la vista de los datos empíricos más fiables, que el modelo que mejor explica esos datos es el de Ticho Brahe o, que, en el peor de los casos, los explica igual de bien que el modelo heliocéntrico? Es decir, que como sugeriría la teoría de la relatividad, son modelos equivalentes. ¿En qué quedaría el caso Galileo?
Yo creo, como escribió León Felipe que el tinglado de la farsa y la losa de los templos (no se olvide que los seis papas conciliares son heliocéntricos, evolucionistas y aceptan, con matices, ciertos aspectos del marxismo y del psicoanálisis) se vendrían abajo y entonces… ¿Habría que empezar de nuevo?


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