domingo, 19 de abril de 2026

Tomás de Aquino y su experiencia inefable

Hacia el final de su vida, después de una experiencia sublime durante la Misa, Tomás de Aquino (1224-1274) dejó de escribir /dictar por completo, a pesar de que estaba en plena elaboración de su obra más importante. Cuando su secretario, Reginaldo de Piperno (1230-1290) le insistió en que continuara, Tomás respondió que todo lo que había escrito/dictado hasta entonces le parecía como paja en comparación con lo que acababa de inteligir. Lo que había inteligido superaba cualquier formulación que hubiera podido hacer hasta ese momento.

O sea, un hombre -del que se conservan nueve millones de palabras escritas/dictadas- dice que todo ese arsenal acumulado durante años no vale nada en comparación con lo comprendido (y callado) en ese instante.

Qué sería Aquello, qué sería Eso que vislumbró.

Nadie, salvo quien haya tenido una experiencia semejante, puede saberlo.

Y eso es incomunicable.

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